La Guerra Hispano – Americana en Puerto Rico

General_Nelson_Miles

 

por: wikipedia

La ofensiva de la Guerra Hispano-Americana en Puerto Rico comenzó el 12 de mayo de 1898, cuando la Armada de los Estados Unidos bombardeo a San Juan, la capital de Puerto Rico. Aunque los daños infligidos a la ciudad fueron mínimos, los estadounidenses fueron capaces de establecer un bloqueo de la bahía de San Juan. Dos barcos españoles contraatacaron el 22 de junio, pero fueron incapaces de romper el bloqueo.

El 25 de julio, el General Nelson A. Miles, con unos 3.300 soldados, desembarcó en Guánica comenzando la ofensiva terrestre. Las tropas de EUA encontraron resistencia a comienzos de la invasión. La primera escaramuza entre los estadounidenses y las tropas españolas y las puertorriqueñas se produjo en Guanica, y la primera resistencia armada se produjo en Yauco, en lo que se conoce como el Combate de Yauco. Este encuentro fue seguido por los combates de Fajardo, Guayama, Coamo, y por el Combate de Asomante.

El 9 de agosto de 1898, las tropas norteamericanas que perseguían las unidades españolas de Coamo encontraron fuerte resistencia en Aibonito y se retiraron después que seis de sus soldados resultaran heridos. Regresaron tres días más tarde reforzados con unidades de artillería. En un ataque sorpresa, el fuego cruzado confundio a los soldados estadounidense que dijeron haber visto refuerzos españoles cerca. En esta acción perdieron los estadounidenses 2 oficiales heridos, 2 soldados muertos y 3 heridos, un total de 7 bajas; los españoles 1 ó 2 heridos.

Un grupo de puertorriqueños convencidos de que Puerto Rico podría ganar su independencia, llevó a cabo un levantamiento armado en Ciales que se conoció como el Grito de Ciales y proclamaron la República de Puerto Rico. Las autoridades españolas que no tenían conocimiento de que el armisticio había sido firmado reprimieron el levantamiento.

Todas las acciones militares en Puerto Rico fueron suspendidas el 13 de agosto, después de que el Presidente William McKinley y el Embajador francés Jules Cambon, en nombre del gobierno español, firmmaron un armisticio donde España renunció a su soberanía sobre los territorios de Cuba, Puerto Rico y Filipinas .

Reflexiones Sobre el Cambio Climático y Puerto Rico

por: ramonrdzm

Escenario Alterno

 

Imagen del Condado, Puerto Rico

http://www.escenarioalterno.org/2011/05/reflexiones-sobre-el-cambio-climatico-y-puerto-rico/

 

Un escenario que contemple un aumento de más de un metro en el nivel promedio del mar en las próximas tres décadas presenta circunstancias que acentúan la vulnerabilidad costera de cualquier país, sobre todo su capacidad de adaptación y acoplo ante un impacto de esta índole. Esto es muy cierto sobre todo en países donde un gran sector de su población depende de las costas para residir, devengar ingresos y asegurar su bienestar. Puerto Rico es un país cuya configuración geográfica y social se acomoda a lo descrito anteriormente. La capacidad institucional, gubernamental, económica, cultural y social de adaptarse y prepararse para un impacto de tal naturaleza es esencial para reducir la magnitud de  la vulnerabilidad de la población expuesta ante este riesgo.

La delimitación de la zona marítimo-terrestre de Puerto Rico responde a la Ley de Puertos de 1886, aprobada bajo el régimen español. Sin entrar en mucho detalle y manteniendo la discusión sencilla, se podría definir a la zona marítimo-terrestre como el área comprendida entre el nivel más alto del mar (pleamar) y el nivel más bajo del nivel del mar (bajamar), añadiéndole el nivel alcanzado por la marejada ciclónica. Luego de la zona marítimo-terrestre, la Ley delimita una servidumbre de vigilancia de 6 metros de ancho que debe estar libre de obstrucciones. Adyacente a la servidumbre de vigilancia se delimita también una servidumbre de salvamento de 20 metros de ancho que también debe estar libre de obstrucciones.

Si el nivel del mar aumentase por más de un metro de elevación en las próximas tres décadas, la delimitación de la zona marítimo-terrestre cambiaría dramáticamente. Las elevaciones promedios donde se registrarían los niveles más altos del mar (pleamar) tendrían que ser desplazados tierra adentro, al igual que los niveles de bajamar. Estos niveles se desplazarían a áreas que actualmente están ocupadas por residencias, hoteles, carreteras, puertos, muelles, villas pesqueras, centros turísticos, restaurantes y otro gran conglomerado de estructuras donde se llevan a cabo actividades que cubren todas las categorías del país. Una vez desplazada la zona marítimo-terrestre, naturalmente las servidumbres de vigilancia y salvamento deben ser desplazadas también, por lo que solaparán con terrenos que actualmente están ocupados para las mismas actividades mencionadas anteriormente.  Aunque en la actualidad existen numerosos conflictos administrativos, legales y sociales como resultado del desarrollo de proyectos comerciales y de vivienda e invasiones de terrenos ubicados en las servidumbres de vigilancia y salvamento, es previsible que la cantidad de conflictos de ésta naturaleza aumenten exponencialmente. Es previsible también que las características de estos conflictos no sean uniformes a manera que ocurran, ya que los usos de los terrenos, las características socioeconómicas de la población y las características geológicas de las costas varían.

Áreas como Condado en San Juan e Isla Verde en Carolina, por ejemplo, son áreas de alta densidad poblacional y predominantemente de desarrollo residencial y turístico. El perfil social de su población es en su mayoría de clase alta y las estructuras erigidas en estas áreas serían susceptibles, en su mayoría, a estar dentro del alcance de la marea si el nivel promedio del mar aumenta en más de un metro en las próximas tres décadas. La ubicación de estas estructuras entraría en conflicto directo con lo que sería la nueva delimitación de la zona marítimo-terrestre. Si la inacción de parte de nuestro gobierno impera en el tiempo hacia este escenario, el costo de resolver las disputas legales, sociales y administrativas, la compensación de pérdidas de terreno y la movilización de la población en estas áreas sería astronómico. Cabe señalar que la costa adyacente a estas áreas es predominantemente de playa.

Por otro lado, áreas como la parte costera en Loíza presentan una situación completamente distinta al escenario descrito en Isla Verde y Condado. Al igual que Isla Verde y Condado, la costa de Loíza es en su mayoría compuesta de playas. A diferencia de Isla Verde y Condado, la población de Loíza es pobre, en su mayoría, y las actividades que predominan en las costas son la pesca y pequeños comercios, aunque sí existen algunos complejos de vivienda de clase media-alta. El aumento en el nivel del mar ponderado como parte del escenario tendría consecuencias catastróficas para una población que en su mayoría depende de la costa para residir y devengar ingresos. Sin intervención gubernamental se crearían conflictos internos intensos por tierra y propiedad, sobre todo en terrenos que el mercado de bienes raíces estima como de poco valor y que inhibe a la población de enriquecerse del mismo y de moverse a terrenos más provechosos. Eventualmente conflictos de esta índole resultarían en la marginalización total de esta población y comprometería la capacidad de gobernanza del país.

Para poder predecir la intervención del gobierno y prevenir o remediar la situación planteada se debe definir cuál sería la doctrina detrás del uso y costumbre del gobierno en los años conducentes al escenario. Si la doctrina que enaltece la propiedad privada y deprecia el bien común prevalece en el futuro, el desarrollo del escenario se va haciendo más claro. Sería razonable concluir que la manera en que el Estado intervendría en este escenario sería para facilitar que el mercado sea el que dicte cómo se daría la utilización de los terrenos donde el mar no se adentraría. Debido al alto costo asociado a la movilización de población, al valor aumentado en terrenos que queden fuera del alcance del mar y la falta de subsidio por parte del Estado, solamente la población más solvente tendría facilidad para esto. El Estado intervendría directamente para resolver disputas legales. Sin embargo, el Estado no puede ser totalmente negligente de la población pobre afectada por este escenario, ya que este sector representaría la mayoría afectada por el aumento del nivel del mar y el sistema partidista electoral depende de votos para subsistir. De esta manera, el Estado no solamente tendría que incurrir en gastos para cubrir las reclamaciones de la sociedad solvente, sino que también tiene que proveer para la población menos pudiente. Para esto se fomentaría una nueva invasión de terrenos aledaños a la nueva costa a través de la otorgación de títulos de propiedad a aquellos que ya hayan asentado su hogar en otra área. Esto tendrá el efecto de profundizar mucho más las luchas sociales y de clases en el país y las mismas podrían ser transgeneracionales.

Es fácil ser pesimista ante tal escenario, pero se debe reconocer que existe posibilidad de cambio. Utilizar la planificación participativa para tomar decisiones abriría el camino para que la sociedad vaya madurando a través del tiempo y reconozca las dimensiones del problema que se acerca. Cuando esto ocurra, la vulnerabilidad se convierte en riesgo manejable.

Killing Spanish: Literary Essays on Ambivalent Latin Identity

Killing Spanish: Literary Essays on Ambivalent U.S. Latino/a Identity

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Killing Spanish Book Image

by Lyn Di Iorio Sandín

Killing Spanish suggests that the doubles, madwomen and other raging characters that populate the pages of contemporary U.S. Latino/a literature allegorize ambivalence about both present American identity and past Caribbean and Latin American origins. The family novels Sandín explores — ranging from work by the Cuban American Cristina García to the island Puerto Rican Rosario Ferré — uncover the split between Americanized protagonists and their families, a split usually resolved through the killing of a character representing origins. Race and class differences, and poverty, cause protagonists in work by the Nuyoricans Piri Thomas, the Dominican American Junot Díaz, and others, to embrace the street as the new Latino home. If the family novels exact the death of “Spanish” in the person of a double character, the urban fiction and poetry project the “mean” street, churning with the productive and destructive energies of ambivalence, as the landscape of the fragmented U.S. Latino/a psyche.

Review

There is no other work in contemporary U.S. Latino/Latina Studies, known to me, that is comparable to Killing Spanish in scope, in analytical richness and in sheer trans-American thinking; it is actually a cross-genealogical history of U.S. Latino/Latina literature from Piri Thomas to Cristina García and Junot Díaz and shows a passionate mastery of the literature of the Americas.”– José David Saldívar, Class of 1942 Professor of English, University of California, Berkeley“Killing Spanish is an illuminating examination of contemporary US Latino writing. Lyn Di Iorio Sandín combines a comprehensive and revealing cultural study analysis with a compelling literary review of the manner in which allegory, in the works of some of the most significant authors in the growing field of US Latino literature, reveals an often ambivalent and conflictive representation of Latino/a identity. A highly original and timely work.”–Margarite Fernández Olmos, Co-Editor, The Latino Reader: An American Literary Tradition from 1542 to the Present“Lyn Di Iorio Sandin’s Killing Spanish ventures remarkably into uncharted territory, appreciably widening the available scope for studying US Caribbean/Latino literary texts. Drawing on psychoanalytically nuanced literary criticism and contemporary cultural studies, the author identifies allegory as the trope par excellence for scrutinizing the fragmented identities that parade the pages of the novels she examines and in so doing illustrates the value of attending to rhetorical and aesthetic features as critical tools capable of unleashing the cultural and political meaning of Latino literature. She investigates the role of Spanish as a site in relation to which her writers construct notions of family, national origins, and cultural roots, while considering the possible rapport between the allegorical realism of the Latino fiction writers covered in her study and the magical realism of the major Latin American figures one might regard as their literary ancestors. Clearly written and sensitively argued, this study provides a fresh inquiry into the distinct behavior of US Caribbean/Latino literary texts. One the whole we have here a scholarly intervention that, in steering clear of the overused explanatory conventions to which Latino texts are habitually subjected, constitutes an invigorating contribution to the field.”–Silvio Torres-Saillant, Director of the Latino-Latin American Studies Program, Syracuse University
“Lyn Di Iorio Sandin’s Killing Spanish is remarkable for its breadth in identifying eight characteristics of US Latino/a allegory as a lens for an in-depth analysis of seven authors and texts.  In doing so, she also shows the resonance and limitations of Euro-Anglo, Third World, Hemispheric, and minority theories as applied to Latino/a works…[she] frames her collection of essays with the compelling assertion that while both the ambivalence and the fragmented subjectivity it causes remain irrevocable, they become sources not only of vulnerability and struggle, but also of energy, motivation and strength…Ultimately, Di Iorio Sandin seems to do for Latino/a literary critique what she claims these ‘street allegorists’ do for the literature: they unveil layers of fluid identity, never made whole nor fetishized; she emphasizes the literary richness of complex subjectivities….[she] both enlarges and refocuses these spheres of analysis.  She does so by employing psycho-analytical and allergorical approaches and by critically applying post-modern literary and cultural theory to examine the multiple layers involved in ‘killing Spanish’ and in the ambivalent identity that seems to require such violence.”–Latino Studies Journal
“The archive with all its theoretical implications so central in different ways to Gruesz’s and Sanchez Gonzalez’s respective projects, gives way in Lyn Di Iorio Sandin’s dazzling study, Killing Spanish: Literary Essays on U.S. Latino/a Ambivalent Identity, which deals with destabilizing relationships, language, and allegory in contemporary Latino fiction…What we are left with both in Di Iorio Sandin’s exquisite study and the writers she investigates is a Latino complexity whose unapologetic presence imposes itself on the U.S. literary canon.”–The Centro Journal

About the Author

Lyn Di Iorio Sandín is an Assistant Professor of English at the City College of the City University of New York where she teaches courses on Caribbean and U.S. Latino/a Literatures and fiction writing.

 

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Puertorriqueños de Ascendencia Italiana

Los puertorriqueños de ascendencia italiana son los habitantes de Puerto Rico  descendientes de italianos, que se trasladaron desde Italia a nuestra isla en los tiempos del Imperio español.  En el inicio del siglo XIX, la corona española decretó la Real Cédula de Gracia del 1815 con la intención de atraer pobladores europeos a sus colonias. Comenzaron a llegar  a Puerto Rico tanto italianos como otros europeos que después de un período de cinco años recibieron su “Carta de Naturalización” que los convertía en súbditos de España. ES

Imagen Bandera de Italia

 

Por: wikipedia

http://es.wikipedia.org/wiki/Puertorrique%C3%B1os_de_ascendencia_italiana

 

Fueron muy pocos los italianos que se trasladaron a vivir en Puerto Rico en los primeros siglos despues del descubrimiento de America en 1492. Prácticamente unas pocas decenas de religiosos (y algunos aventureros y comerciantes) constituyeron el núcleo central de esta pequeña migración italiana, hasta el inicio del siglo XIX.

A partir de 1815, con la Real Cédula de Gracias, comenzaron a llegar algunos centenares de italianos a Puerto Rico. Una de las localidades donde se asentaron fue el pueblo de Santa Isabel.

La corona española decretó esta Real Cédula el 10 de agosto de 1815 con la intención de atraer pobladores europeos a Puerto Rico y Cuba  . El gobierno español, creyendo que los independentistas puertorriqueños y cubanos perderían popularidad, concedió tierras a los colonos italianos, alemanes, franceses e irlandeses a cambio de que estos juraran lealtad al gobierno español y obediencia a la Iglesia Catolica. Después de un periodo de cinco años recibieron su “Carta de Naturalización” que los convertía en súbditos de Espana.

Como consequencia -según el académico Pedro Hernandez- entre 1815 y 1820 llegaron 110 italianos y entre 1820 y 1830 otros 129, que se asentaron principalmente en  Ponce y sus  alrededores.

De estas primeras familias italianas desciende Salvador Vassallo, creador de las famosas Industrias Vassallo de Ponce (de renombre hemisférico y especializadas en plásticos industriales).

A finales del siglo XX habían casi diez mil descendientes de italianos en la isla, concentrados en Ponce y San Juan (excluyendo los de origen corso). Existe tambien un Consulado honorario de Italia en San Juan.

Imagen de Sal Vassallo

Según el gobierno italiano en el 2010 habían 344 ciudadanos italianos residenciados en el Estado Libre Asociado de Puerto Rico.

 

Los italianos de Córcega (Corsica)

Hay que precisar que la isla italiana de Corsica (pasada a Francia en 1769) ha dado una considerable emigración a Puerto Rico. Los Corsos, que hablan un dialecto italiano muy parecido al toscano ( prácticamente italiano), se han integrado perfectamente en la sociedad puertorriqueña actual.

Imagen Isla de CORSICA

La isla de Córcega (los franceses la llaman “La Corse”), está situada al oeste de Italia, al sureste de Francia y al norte de la isla italiana de Cerdeña. Córcega es el lugar donde nació Napoleón Bonaparte.

En efecto centenares de Corsos con sus familias llegaron a Puerto Rico alrededor de 1830, y crecieron en número hasta primeros del siglo XX (cuando terminó esta migración desde Corsica). Se asentaron en la zona montañosa del sur-occidente de la isla boricua, especialmente en Adjuntas, Lares, Utuado, Ponce, Coamo, Yauco, Guayanilla y Guánica.

Yauco fue la localidad que atrajo mas Corsos, por su riqueza agrícola. Los tres principales productos cultivados en Yauco eran el café, el azúcar y el tabaco: con el cultivo del café los Corsos hicieron sus fortunas, ya que en 1870 eran los líderes de la industria del café puertorriqueño y controlaban 7 de las 10 plantaciones en la isla.

Actualmente se calcula que casi medio millón de puertorriqueños tienen ascendencia corsa, aunque  han olvidado el dialecto corso de sus antepasados.

Notas

  1. Italianos en Santa Isabel de Puerto Rico
  2. Yauco y los Corsos
  3. Corsos en Puerto Rico

 

Imagen de los Anselmi

Repercusiones Linguísticas de la Colonización de América en el Siglo XVI

REPERCUSIONES LINGÜÍSTICAS DE LA COLONIZACIÓN DE AMÉRICA EN EL SIGLO XVI: ORIGEN Y DESTINO DE LOS PRIMEROS POBLADORES

Por: Juan Manuel Pedroviejo Esteruelas  (IES Marqués de Villena de Marcilla. Navarra)

http://www.um.es/tonosdigital/znum21/secciones/estudios-24-repercusiones.htm

Imagen Mapa de Latinoamérica

 

La colonización de todo un continente como América fue realizado por unos valientes pobladores procedentes de la península ibérica, fundamentalmente, que llevaron consigo su lengua y sus usos y costumbres. El origen regional y social de estos colonizadores influyó decisivamente en la configuración de una koiné  (mezcla de dialectos) durante las primeras décadas del siglo XVI, en donde los rasgos del andaluz occidental predominaron sobre el resto de dialectos peninsulares. No obstante, descubriremos que los andaluces no estuvieron solos en este proceso porque los habitantes de otras regiones y sus dialectos también estuvieron presentes en este proceso de normalización del español en América.

 

Introducción

Para comprender las variedades de la lengua española usadas en el nuevo continente hay que conocer el origen de los colonizadores. A principios del siglo XX se hicieron listas de pasajeros basadas principalmente en los documentos de la Casa de Contratación de Sevilla que sin duda han tenido su importancia para estudios posteriores, pero en ninguno de ellos se explotaron todos los métodos y fuentes disponibles para determinar las procedencias regionales y ninguno está organizado de manera que se vean las periódicas corrientes emigratorias que hubo entre los pueblos y provincias de España y determinadas regiones de América.

Durante los primeros 25 años después de la población inicial de la isla La Española (República Dominicana y Haití), el español quedó reducido, excepción hecha de la pequeña colonia de Darién, a las islas de las Antillas, y fueron justamente los colonos antillanos los que por su propia cuenta emprendieron las primeras expediciones para descubrir y conquistar Tierra Firme. Cuando el español se extendió más tarde por grandes zonas del continente, ya había pasado por una etapa de aclimatización y de nivelización dialectal y se presentaba como un dialecto claramente americano, susceptible todavía a la influencia continua de la metrópoli pero, sin embargo, distinto. Quiere esto decir que la lengua de los colonizadores que llegaron posteriormente se tendría que ajustar en una o dos generaciones al español que se encontraba allí.

 

Origen social de los colonizadores

Con respecto a la teoría de que el español llevado a América era el rústico y vulgar y que los pobladores eran de origen marginal o delincuentes (Wagner, 1949, p. 11-12, Zamora, 1967, p. 378), una ojeada a las reales cédulas muestra la rigurosa regulación que no permitía a cualquiera el paso a las Indias, evitando de este modo el traspaso de los prohibidos (judíos, extranjeros, vagos, y miembros de la universidad de mareantes, ubicada en el barrio sevillano de Triana). Ello no quiere decir que no se colara gente sin oficio ni beneficio: «(hablando sobre los pobladores del Río de la Plata) los cuales soldados y mochachos de poca edad y mujeres que se asentaron, se quedaron en España algunos dellos que no se embarcaron, y algunos capitanes, los cuales fueron con un “Francisco Téllez, natural de Talavera”, y un “Francisco Alvarado”, natural de Mérida”, con algunos sus amigos. Y la gente, ansí hombres con mozos de poca edad para conquistadores y pobladores destas provincias, que se podrían embarcar en España, serían hasta trescientos, pocos más o menos, a mi parecer; y la mayor parte desta gente fue la scoria del Andalucía por lo mal que han aprobado».

La Casa de Contratación sólo concedía licencia a los que se ajustaban a los requisitos de las cédulas expedidas por los monarcas.

Según los datos estadísticos extraídos de los cuadros estadísticos de Rubio (1930, VIII p. 41-49) sobre la condición social de 2.233 pasajeros de Indias entre 1533 y 1592  muestran que al menos el 64.56% del total era gente letrada. Sin duda este porcentaje aumentaría, si se contase a los militares, a casi un 66%. Rosenblat (1964, cf. Lope, 1999, p. 90) indica que en las épocas iniciales de la castellanización, los letrados que iban a América suponían el 41% de la población emigrante, muy superior a cualquier otro porcentaje de cualquier país europeo.

Hasta la mitad del siglo XX, se creyó que el español llevado a América era el español vulgar y rústico. Esta teoría la mantuvo Leopold Wagner (1949, p. 11-12): «Alla propagazione della lingua popolara e provinciale contribuío anc he il fatto che la massa di avventurieri e guerrieri che, nei primi decenni dopo la conquista, si riversarono in américa, consisteva per lo più di gente rozza e poco colta».

Mientras, Zamora Vicente (1967, p. 378) sostuvo que el español americano «aparece vivamente coloreado por el arcaísmo y la tendencia a la acentuación de los rasgos populares debido a que los primeros pobladores europeos de América procedían de clases sociales poco refinadas», lo que explica «la fuerte inclinación hacia el léxico y los fenómenos fonéticos de aire popular y vulgar».

Pero es evidente que existen pruebas legales, reales cédulas, que dictaban la regulación del paso a las Indias, marcando explícitamente a quiénes podía autorizarse y a quiénes prohibirse, que demuestran el carácter selectivo de la monarquía a la hora de escoger a los pobladores del nuevo continente.

Esto es, las leyes de Indias legislaban tanto el paso de los pasajeros al nuevo mundo, entendido como tal las islas antillanas (la Española, Cuba también llamada Fernandina, San Juan, y las Antillas Menores), Tierra Firme y Filipinas, como el paso de pasajeros extranjeros y temas relacionados con el consulado, comercio, armada, flotas, etc.

Se puede observar que las disposiciones relativas a extranjeros no tenían carácter de exclusiva intransigencia, puesto que se concedía el paso a los que llevaban allí un fin útil, admitiendo después a los que tenían razón justificada y se encontraban en las condiciones para ello requeridas, evitando la ida de los que sin oficio ni profesión que impidiera mantener la pureza de la raza (Rubio 1930, VIII, p. 16), aunque ello no impidiera, indudablemente, la llegada de polizones o llovidos.

Las licencias para pasar no las concedía la Casa de Contratación, designada para ello, sin previa presentación de la probanza del interesado, persiguiendo con esto que no fuesen los que designaron como prohibidos, como medio de difundir la fe, y sin mezcla de sangre que no fuera española, de suerte que con esos dos principios hubiera de propagarse la lengua castellana (Rubio, 1930, VIII, p. 21).

En el libro Norte de la Contratación de las Indias (1672, cf. Rubio 1930, VIII, p 19-20 y 267 ss.) de José de Veitia y Linaje, Juez Oficial y Tesorero de la Real Audiencia de la Casa de Contratación, y con carácter recopilatorio, se habla de la Universidad de mareantes en el libro II, capítulo VII, cuya cofradía se estableció en el barrio sevillano de Triana y como matrona se nombró a Nuestra Señora del Buen Aire, y sus cofrades pueden incluirse todos aquellos que se les nombre como prohibidos por no cumplir los requisitos para poder viajar al Nuevo Continente y que esperaban viajar como polizones.

En la Recopilación de Leyes de los Reynos de las Indias (1681, Libro IX, Título 26, cf. Rubio 1930, VIII, p. 23): «De los pasageros y licencias para ir a Indias y volver á estor reynos», Tomo IV) mandada imprimir y publicar por el rey Don Carlos II en 1681 a Ivilian de Paredes, se citan Leyes de Indias relativas a pasajeros en general. Hay otras Reales Cédulas no publicadas en Recopilación de Leyes (1681) que pueden ser interesantes para este tema.

Cervantes nos describe a los pasajeros de Indias en El Quijote diciendo que «las Indias fueron refugio y amparo de los desesperados de España, iglesia de los alzados, salvoconducto de los homicidas, palo y cubierta de los jugadores, añagaza general de mujeres libres», pero en el Celoso extremeño habla despechado porque no se le permitió pasar al nuevo mundo o disfrutar de «la contaduría del Nuevo Reino de Granada, o de la gobernación de la provincia de Sonascuso en Guatemala, o contador de las obras de Cartagena o corregidor de la ciudad de La Paz.»

Rubio(1930, VIII, p. 46) hace una clasificación de 2.663 pasajeros de entre 1492 y 1592 de las licencias procedentes de la Casa de Contratación de Sevilla, según condición, dignidad, título, cargo, profesión, oficio y raza (Cuadro IV, VIII, p. 46).

A continuación se muestra el cuadro de porcentajes según condición, dignidad, título, profesión y oficio de 2.223 emigrantes españoles catalogados por Rubio (1930, IV, p. VIII): (%).

VER TABLA 1 (%)

http://www.um.es/tonosdigital/znum21/secciones/estudios-24.htm#1

 

Según estos datos, por lo menos el 64,56% de los pasajeros a las Indias sabían leer y escribir (incluyendo a los miembros de las celdillas de nobles, gentiles hombres, miembros de las órdenes militares, dignidades eclesiásticas, cargos, dignidades y autoridades superiores, provistos, titulados, profesiones eclesiásticas y civiles). Sin duda este porcentaje aumentaría si se le añadiese el de los cargos militares y a las personas que trabajaban en oficios, ya que, continuamente en las cartas de Indias, los familiares que viven en América recomiendan a los suyos que vengan al nuevo continente si saben leer y escribir porque así podrán medrar y no vagabundear.

Rosenblat (1973, p. 39) afirmó que al soldado del siglo XVI no debe identificarse con el soldado raso de nuestro tiempo, porque ellos eran, en gran medida, hidalgos pobres, hijos de segundones y caballeros de las órdenes militares.

En años posteriores, Rosenblat (1977, p. 60, cf. Carrera, 2000, p. 58, nota 14) afirmó que «la proporción de hidalgos era evidentemente alta en la sociedad hispanoamericana, por lo menos hasta 1570. Para dar una alguna cifra hipotética, nos inclinamos a pensar en un quince por ciento aproximadamente».

En el estudio de Rubio (1930, VIII, p. 45), las fuentes usadas son «las informaciones, probanzas y licencias procedentes de los papeles de la Casa de Contratación (…) provistos que son libros-registros de cédulas, en que se asentaban los nombramientos de las personas que llevaban algún cargo a Indias (…) de otros libros llamados de asientos para pasajeros, donde se inscribían los nombres de éstos al momento de embarcar,(…) y entre éstos, algunos dedicados a religiosos y eclesiásticos»

El cuadro III de Rubio (1930, VIII, p 45) da la clasificación de 5.894 personas o pasajeros atendiendo a su estado civil, sin indicar los años que abarca su análisis, teniendo que suponer el lector que es el comprendido entre las fechas 1534 y 1592, dado el propósito y las fuentes de la obra:

VER TABLA 2

http://www.um.es/tonosdigital/znum21/secciones/estudios-24.htm#2

 

Boyd Bowman (1985, p. VIII- XXV) ha logrado determinar con más o menos certeza la procedencia de 56.000 emigrantes a América entre 1502 y 1600. Basándose en Rosenblat (1945, cf. Boyd-Bowman, 1985, p. X)[, quien calculó que en 1579 vivían en las indias españolas unos 140.000 blancos, Boyd-Bowman dedujo que, quitando a estos criollos por un lado y por otro lado se tiene en cuenta la mortalidad y la continua inmigración hasta 1600, serían unos 200.000 el verdadero número de españoles emigrados para fines del siglo XVI. Su recuento, por tanto, supone el 20% del porcentaje total de emigrantes de esa época. La obra completa no sólo marca las corrientes emigratorias que hubo en cualquier pueblo de España y en cualquier región de América, sino que también proporciona en forma abreviada, cuando son conocidos, los datos del emigrante como el nombre, apellido, parentela, lugar de procedencia, condición social, educación, profesión u oficio, año de partida, lugar de destino, actuación en América (viajes, expediciones, conquistas, cargos, privilegios) y el año y lugar de fallecimiento, en los casos en los que se sepa.

 

Las colonizadoras

En cuanto a la población femenina, se sabe que las primeras mujeres europeas que viajaron a América fueron en el tercer viaje colombino. Boyd-Bowman (1964, p. XVIII-XIX) sobre un total de 5.481 pobladores identificados entre 1493 y 1519, cuentan 308 mujeres (5,6%), de las cuales las dos terceras partes (67%) son andaluzas y el 50% de la ciudad de Sevilla.

En la segunda época, de 13.262 emigrantes, 845 son mujeres (6,3%). El mayor porcentaje de ellas procedían de Andalucía (58,3%), mientras que el contingente de las castellanas viejas y extremeñas representaban cada uno el 10,4%, el de las castellanas nuevas el 9,2%, el de las leonesas el 4,3%, el de las vascas el 1,4%, el de las portuguesas el 0,9%, y las procedentes de Cataluña y Valencia 0,7%. El destino de la mayoría de ellas fue México y Santo Domingo por ser estas zonas las más castellanizadas. Hay 252 mujeres casadas (30%) que emigraban con sus maridos, 85 mujeres que viajaban para unirse a sus maridos (10%), 457 solteras y niñas (54%) más 51 viudas y mujeres de estado civil incierto (6%).

Las  mujeres españolas estaban rodeadas por la servidumbre india en sus casa y, desdeñando sin duda a las mujeres y concubinas indígenas que habían tomado la mayoría de los colonizadores españoles, las mujeres blancas de la época colonial han debido ejercer una influencia lingüística mucho mayor de lo que su número indica. En la historia lingüística las mujeres han desempeñado tradicionalmente un papel conservador. En aquel entonces, probablemente la conversación era, aun más que hoy, la diversión predilecta de las mujeres y aquellas mujeres españolas, mayoritariamente andaluzas, han debido de contribuir poderosamente a la formación del español antillano, sirviendo de modelo para las demás mujeres indígenas, tanto en su lenguaje como su porte social.(Boyd-Bowman 1964, p. XIX).

En resumen, se puede decir que Andalucía superó fácilmente al resto del país en la emigración femenina, pero que ha perdido un poco de terreno con la época anterior. Mientras que la emigración andaluza total baja del 37% (1493-1519) al 32% (1520-1539), el contingente de mujeres baja del 67% al 58,3%, el de la provincia de Sevilla del 57,5% al 46,3%, y del de la ciudad de Sevilla del 50% al 34%, es decir de la mitad a un tercio.

 

La importancia de Sevilla

La ciudad de Sevilla merece ser mencionada porque ninguna otra ciudad en el mundo gozaba de tanto prestigio en la opinión de los colonizadores. Esta metrópoli era puerto fluvial de mucho tráfico, sede de la Casa de Contratación y la base natural para reclutar y abastecer las expediciones. De Sevilla partió una corriente de hombres, barcos y materiales para la exploración y colonización  de las costas de las islas del Caribe y del continente americano. Además era el lugar de residencia de gran número de banqueros, mercaderes, constructores de naves, cosmólogos, marineros, artesanos o simplemente de personas que esperaban pasar al nuevo mundo, venidos no sólo de España, sino del extranjero y que pasaban a las Indias en calidad de vecinos de Sevilla.

Frente a la tranquilidad y conservadurismo de otras ciudades españolas, Sevilla era una ciudad cosmopolita, llena de bullicio y de color; una puerta abierta para todas las noticias e influencias venidas del extranjero. En sus calles se rozaban banqueros y mercaderes genoveses, venecianos y florentinos, marineros sicilianos, griegos, pilotos vizcaínos y portugueses, gitanos, mulatos, esclavos negros e indios. Las naves que volvían de las Indias traían además de su cargamento en oro, perlas, especias y otras mercancías exóticas. Parece ser que tan pronto como partían para las Indias algunos sevillanos, llegaban otros andaluces o castellanos o vascos, etc.

Algunos futuros emigrantes foráneos de Sevilla tuvieron que esperar incluso meses hasta que tramitaban su licencia de embarque. Antes de partir en alguna expedición podían pasar al servicio de algún amo e incluso podían contraer matrimonio con muchachas sevillanas y podían considerarse ya vecinos de Sevilla.

En todo esto se encuentran importantes implicaciones lingüísticas. En el siglo XVI la norma a imitar para los que aspiraban a depurar su lenguaje fue sin duda el habla de Toledo. Es igualmente cierto que al establecerse las cortes virreinales de México y Lima, éstas se convirtieron en otros dos focos difusores del lenguaje y del gusto de la corte imperial. Pero lo que vale para el siglo XVI en su conjunto no se puede decir de la primitiva época antillana en América. Las normas de hablar varían de acuerdo con las diversas circunstancias, puesto que aunque es verdad que el habla del individuo refleja el ambiente de en donde se ha criado, puede ser alterado  parcial o completamente por un nuevo ambiente con el cual trate de identificarse por motivos de prestigio verdadero o imaginario. Así, en los primeros años de la conquista, Sevilla simbolizaba el espíritu colonizador e imponía sus normas de hablar al futuro emigrante. Estas normas lingüísticas seguían imponiéndose durante la larga travesía del Atlántico y por último en el caribe. La aclimatación para el recién llegado significaba adaptarse a la vida que les parecería, cuando menos, maravillosamente extraña y exótica, y, como no, al lenguaje de los colonizadores que le habían precedido. Puesto que en la primera mitad del XVI un colonizador entre cada dos o tres era andaluz y, además, como casi todos los maestres, pilotos y marineros eran naturales o vecinos de Andalucía, no es difícil comprender el enorme prestigio de que gozaba por entonces Sevilla. (Boyd-Bowman, 1964, p. XXIII).

Origen regional de los colonizadores

El primer análisis del origen territorial de los primeros pobladores de Indias fue el trabajo de Rubio (1930, VIII y XIII) que identificó realmente a 4.897 pasajeros de Indias entre los años 1530 y 1592. Las regiones de Andalucía y Castilla y León (incluido Castilla la Mancha) son las regiones que más aportaron con el 39,2% y el 36,7% cada una respectivamente. Después, fue Extremadura (12,2%). Las zonas periféricas a éstas, Galicia, Asturias, País Vasco, Aragón, Navarra, Cataluña, Valencia, Baleares, Murcia, Canarias y Portugal dieron pocos emigrantes cada una de ellas, según este estudio. Los porcentajes que se deducen de su trabajo se ven el la siguiente tabla: 

 

                                                      VER TABLA 3

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En 1931, Henríquez Ureña (1931 p. 120-148) tomó de diversas fuentes el origen de 13.948 pobladores de las Indias en el siglo XVI. Estas fuentes son histórico-literarias, del Catálogo de Pasajeros del Archivo de Indias (1509-1533), de los conquistadores de Nueva España y de Chile y de Pasajeros de Indias (1534-1592). Declaró que encontró pocos nombres repetidos en ellos, no más de trescientos.

Para marcar el origen de los colonizadores y conquistadores, dividió la península ibérica en cuatro zonas dialectales, las cuales no vamos ahora a criticar: a) español del norte (Castilla, León (en donde incluye sorprendentemente a Valladolid), Aragón y Navarra; b) español del sur (Andalucía, Badajoz y Canarias); c) zona intermedia (Cáceres, Murcia y Albacete) y d) zonas laterales:(Vasconia, Cataluña, Valencia, Baleares, Galicia y Portugal). Así tenemos que en la zona norte comprende el 41,74%, el español de lazona sur, el 42,57%, el de la zona intermedia el 6,69% y el de las zonas laterales, el 8,98%.

VER TABLA 4

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Foster (1960, p. 67, cf. Perl, 1994, p. 110) que se basa en el Catálogo de Pasajeros a Indias, da el siguiente resultado sobre el origen de los pobladores europeos al continente americano entre 1509 y 1534, sobre un total de 7.308. Andalucía (29,38%); Castilla la Vieja (19,32%); Extremadura (18,18%); León (12,05%); Castilla la Nueva (11,52%); provincias de Vascongadas (2,83%); Asturias (2,37%). Ello comprueba que en los tres primeros decenios de la colonización en América, la inmensa mayoría de los pobladores era de origen andaluz, castellano o extremeño.

Además, hay que tener en cuenta que al incorporarse el reino de Portugal al de Castilla, los portugueses cobraron especial importancia en el proceso colonizador, principalmente en el Río de la Plata. Por ejemplo, entre los 71 pobladores europeos que vivían en el Río de la Plata en 1569 con don Pedro de Mendoza, el 16,90% eran portugueses, siendo únicamente superada por Andalucía (29,57%) y Castilla y León (19,71%). Después están los pobladores de Flandes (7,04%), Castilla la Nueva (5,63%), Extremadura (1,40%), pobladores de origen desconocido (8,40%) y de diversas nacionalidades (bretones, ingleses, italianos, vascos y gallegos (11,23%).

Ya se ha comentado que un estudio indispensable para analizar mejor movimientos migratorios desde España América durante la primera mitad del siglo XVI es el de Boyd-Bowman (1964, tomo I y 1968 tomo II) que abarca la identificación de 18.743 pasajeros a las Indias desde 1493 hasta 1539 (5.481 correspondiente a la época antillana más 13.262 correspondiente a la segunda etapa de colonización). De ellos, más de un tercio provinieron de Andalucía (35,8%). Después viene Castilla la Vieja (17,8% del total) y Extremadura (15,3%). Castilla la Nueva aportó el 10,4% y León el 7,5%. Esto equivale a decir que entre la suma de la segunda y tercera región que más emigrantes aportaban (33,1%) no llegaron al número de emigrantes andaluces.

Años más tarde, Boyd-Bowman (1985, p. XII) demostró que el grupo más numeroso, en la primera época de colonización fue con mucho el de los andaluces, de los cuales más del 78% procedían de dos provincias, Sevilla y Huelva: la provincia de Sevilla con 1.259 colonizadores (58%), la de Huelva 439 (20,2%), la de Córdoba 180 (8,3%), la de Cádiz 122 (5,6%), la provincia de Jaén 120 (5,5%). Debido a que al iniciarse la época colonial, el reino de Granada, que abarcaba las actuales provincias de Almería, Málaga y Granada, acababa de ser conquistado y aún no formaba parte plenamente de la Andalucía propiamente dicha, sólo aportó 54 colonizadores, lo que suponía el 2,4%.

En la época segunda (1520-1539), Sevilla continuó siendo la capital del reino que más emigrantes mandaba a Indias (18,4%). Le seguía Badajoz (11,6%), Toledo (5,6%), Valladolid (5,3%), Cáceres (4,9%), Salamanca (4,2%), Burgos (3,1%), Jaén (3,0%), Córdoba (2,9%), Huelva (2,9%), Ávila (2,3%), Madrid (2,2%), Vizcaya (2,0%); Palencia (2,0%), Ciudad Real (2,0%), Segovia (1,8%), Cádiz (1,6%), Granada (1,5%), Málaga (1,4%), Soria (0,6%),...etc.

El siguiente cuadro (Boyd Bowman 1968, p. IX) compara la emigración regional de los pobladores identificados de América en las dos primeras etapas de la colonización: 1493-1519 y 1520-1539: (%)

VER TABLA 5

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El resto de territorios comprenden en su mayoría los territorios de la corona de Aragón, Asturias (1%) en la etapa antillana y (0,6%) en la segunda etapa, Murcia (0,45%) y (0,9%) y Canarias (0,1%) y (0,2%). El motivo es que mientras vivió la reina  Isabel de Castilla no admitió ni dejaba pasar a las Indias sino a súbditos y vasallos suyos y no aragoneses ni catalanes ni valencianos o vasallos del rey católico Fernando.

Después de la muerte de la reina Isabel en 1504, don Fernando, gobernando los reinos de su hija, la reina Juana, dio licencia a los aragoneses y demás vasallos suyos a poder ir a las Indias a partir de 1506. Con este cambio, en la ciudad de Santo Domingo, primera cabeza de las Indias en la primera época, los aragoneses dominarán políticamente durante algún tiempo.

Carrera (2000, p. 63-64) hizo un recuento de los expedicionarios que fueron con Colón en su segundo viaje a América (1493-1496). Basándose en los antropónimos con apellidos tomado de topónimos de los expedicionarios del tipo juanvizcaíno marineroantón de salamanca, de los 479 nombres del total sin incluir el nombre de los dueños de las embarcaciones, consigue descifrar el origen de 124, de los cuales el 25% pertenecen a los reinos de León y Castilla, el 16,12% a Andalucía, el 12,90% a País Vasco, el 8.,87% a Castilla la Nueva, el 7,25% a Cantabria, el 6,25% a Extremadura, el 4,83% a Galicia, , el 3,22% a la actual Comunidad de Madrid, el 2,41%  a Valencia, Cataluña y La Rioja el 1,61% cada una de ellas y 0,80% a Navarra.

Quiere esto decir que si fuera completamente identificable el apellido con el lugar de procedencia, tendríamos que entre los acompañantes del segundo viaje de Colón, los castellanos viejos superan a los andaluces, contrastando de esta manera con los resultados de la época antillana de Boyd- Bowman (1964, tomo I, p. XIV).

Entre los años 1540 y 1559, el número de pobladores andaluces en América continuó muy superior al resto (36,1%), frente al 15,6% de los extremeños, al 15,3% de los castellanos viejos, ya en tercer lugar, y el 14,4% de los castellanos nuevos. En lo referente a la población del Perú, entre los andaluces y extremeños suman el 49,5% del total. Castilla la Vieja el 17,2%, Castilla la Nueva el 13,5%, León el 6,7%, País Vasco el 5,7%, los gallegos el 0,8% y sorprende el crecimiento de los extranjeros (3,5%).

Entre los años 1560 y 1579, la emigración del mediodía peninsular siguió creciendo, siendo las provincias de Sevilla (23,7% del total) y Badajoz (13,25%), las que mayor número de pobladores aportan. La población andaluza en el Perú fue del 34,5%, la de castellanos nuevos del 19,3%, la de extremeños el 17,9% y la de castellanos viejos el 15,4%. Los extranjeros representan el 4,3%.

Desde luego que estos datos tienen su explicación al descenso de pobladores castellanos viejos en todo el continente (11,4%) y al aumento de los pobladores castellanos nuevos (19,2%) y extremeños (18,9%).

 

Colonizadores canarios

Atendiendo a los datos coloniales, se confirma la falta casi total de pobladores canarios en las primeras décadas de la colonización (de 13.388 pasajeros inscritos en Catálogo de pasajeros a Indias entre 1509-1538, no se hallan más de 14 canarios). Por lo tanto, es inevitable la conclusión de que al principio emigraron muy pocos canarios, a pesar de ser Canarias puerto de escala, reparación y aprovisionamiento obligatorio.

Ahora bien, los procesos de expansión del español en las islas Canarias y América fueron semejantes porque coincidieron cronológicamente, pero ¿ha influido el español canario en el español americano?

Si miramos los datos los datos de Boyd-Bowman (1964, I y 1968, II), los canarios aportaron un número poco importante a la hora de tenerlos en cuenta influir en la formación de cualquier modalidad de americana en el siglo XVI. En la época antillana los canarios sólo representaban el 0,5% de la población europea). En la segunda época, el 0,2% era el porcentaje total de la población en Santo Domingo; 0,2% en México; 0,3% en Venezuela; 0,6% en Cartagena, Santa. Marta y Nuevo Reino de Granada, 0,1% en el Perú; 0,4% en el Río de la Plata y 0,7% en Asunción).

En verdad, ningún investigador ha podido hasta el momento evaluar el contingente de pobladores de América canarios en el primer siglo de su colonización debido a la peculiar reglamentación administrativa que regía en los siglos XVI-XVIII. El número de desplazamientos desde Canarias a América posiblemente fue grande como lo demuestra el hecho que desde el siglo XVI hasta mediados del XVII las islas contaron con un estatuto jurídico-económico propio que les permitió un intercambio directo con las tierras americanas.La Real Cédula de 9 de septiembre de 1511 dejaba abierto el comercio y el paso de los canarios por el Atlántico y la de 28 de mayo de 1567 eximía al contingente migratorio que partía de Canarias de la obligatoriedad de realizar su registro en la Casa de Contratación de Sevilla, creándose un distrito judicial del Juzgado de Indias en las islas; «la Corona facilitó los embarques de soldados, de técnicos para el desarrollo azucarero indiano y de pobladores para las Antillas y Tierra Firme» (Macías Hernández, 1992, p. 24, cf. Corbella, 2001, p. 1).

Por ende, no hay que negar que, debido a su carácter de escala obligatoria de la travesía trasatlántica, el archipiélago canario fue para muchos el punto de partida hacia la tierra indiana, aunque su estancia allí no fuera tan prolongada como la estancia forzosa de los emigrantes a América en la ciudad del Guadalquivir, donde sí podían ya adquirir los rasgos de la modalidad sevillana, y tampoco hay que negar que el español de Canarias tenía el mismo proceso histórico de formación que el español antillano.

 

Colonizadores vascos

A los vascos se les concede mucha importancia en el proceso de conquista y de colonización en el Río de la Plata hasta el punto de hacer común la creencia de que la base española de la población argentina proviene de las provincias vascas y de Andalucía. En realidad, no se puede probar por el momento la preponderancia ni de vascos ni de andaluces en el proceso de colonización en el Río de la Plata.

Lo mismo ocurre en Chile, donde ha sido común atribuir gran importancia a los vascos en la formación de la sociedad criolla, pero las grandes emigraciones de vascos a Chile datan del siglo XVIII. En el siglo XVI predominan numéricamente, principalmente, los castellanos, andaluces y leoneses sobre todos los demás grupos (Thayer, 1919, p. 52-53).

Una de las conclusiones a las que se puede llegar es la marcada tendencia regionalista que mostraban los colonizadores no sólo a emigrar en compañía con otros de su región, sino también a formar con sus paisanos más poderosos núcleos sociales en el nuevo mundo. De hecho, los nombres de personas procedentes de una misma  región o pueblo tienden a encontrase agrupados en toda clase de documentos (testamentos, contratos, crónicas y relaciones, testimonios, etc.). Por ejemplo, cuando el capitán cacereño Francisco de Godoy, capitán general en Lima, dio una carta de poder de dicha región a cuatro cacereños amigos suyos. La misma solidaridad manifiestan en Nicaragua los familiares y deudos segovianos de los gobernadores Pedrarias de Dávila y Rodrigo de Contreras, los andaluces en las islas, México y Tierra Firme, los portugueses en el Río de la Plata y los vascos en casi todas las partes.

En el caso de los vascos influía, además, el factor lingüístico, ya que el vasco estaba aún en plena vigencia en el siglo XVI y lo llevaron a América junto al castellano y portugués. (Boyd-Bowman, 1968, XV).

 

Colonizadores extranjeros

En la época antillana, los extranjeros suponían el 2,56% del total, siendo los más numerosos los italianos (1,11%) y los portugueses (0,80%). En la segunda época los portugueses representaban el 1,4%, los italianos el 1,1%, los flamencos el 0,8%, los alemanes el 0,3%, los franceses el 0,4% y otros el 0,2% del total (13.262).

En general, fueron muchos los portugueses que fueron a América del Sur (Henríquez Ureña 1931, p. 129). En un principio, los portugueses llegaban a tierra firme vía las Antillas. Otra posible vía es la provocada por la vecindad que había entre el Brasil y el Río dela Plata. Así, en el año 1643, con motivo de la guerra en que Portugal se separa de España, se destierra a los portugueses que residían en la ciudad de Corrientes. En 1646 se ordenó a los portugueses residentes en el Perú salir del virreinato pero a fuerza de dinero lograron hacer revocar el edicto del destierro.

Entre los portugueses se deslizaron siempre muchos judíos. En Lima la Inquisición celebró autos de fe en donde se condenaba a judíos portugueses de herejes en los años 1581, 1600, 1605, 1625 y 1639. Juan de Torquemada (Monarquía indiana, lib. V, cap. XXIV, cf. Henríquez  1931, p. 124) dice del arzobispo de México, Moya de Contreras: «limpió la tierra, que estaba contaminadísima de judíos y herejes, en especial de gente portuguesa, o por lo menos de judíos cruzados con ellos desde el tiempo en que fueronadmitidos en el reino de Portugal».

De paso debe de recordarse, porque es indicio de la variedad de población de que el nuevo mundo recibió, cómo el protestantismo durante el siglo XVI compitió en importancia con el judaísmo: en la sola ciudad de Santo Domingo, en tiempos del arzobispo de México David Padilla, «se quemaron en la plaza pública trescientas Biblias en romance, glosada conforme a la secta de Lutero y de otros impíos», según González Dávila (cf. Henríquez, 1931, p 124).

En el siglo XVII aumentó la irradiación de judíos hacia la América española desde Brasil, cuando los judíos de origen español y portugués refugiados en Holanda penetraron desde 1624 en Pernambuco, holandés entonces. En 1654 el gobierno portugués los obliga a emigrar y se desparraman por toda América, a través de las colonias francesas, holandesas e inglesas.

 

El destino de los colonizadores

El cuadro IV, Destinos en América de Boyd-Bowman (1968, en Mapas, gráficos y cuadros) nos señala el destino de los emigrantes españoles, unos 13.262, en América entre 1529-1539:

VER TABLA 6

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En Santo Domingo el dominio andaluz, ya notado en la época antillana (representaba el 43,5% de la población), se mantuvo e incluso aumentó en los 20 años posteriores. Del total de los nuevos pobladores, el 45,6% eran andaluces, entre ellos muchas mujeres, haciendo Santo Domingo la ciudad más andaluzada del nuevo mundo, después de México que sigue siendo el destino más nombrado para la marcha de los emigrantes españoles. Los castellanos viejos representan el 13,4%, los extremeños el 12,8%, los castellanos nuevos el 10,8%, los leoneses el 7%,  los vascos el 3,4% y gallegos el 1,5%.

 

En la isla de Cuba, el 41% de los nuevos pobladores eran andaluces, el 17,4% eran castellanos viejos, el 15,9% eran extremeños, el 7,2% eran castellanos nuevos, el 5,6% eran leoneses y el 3,1% eran vascos. El resto estaba formado por gallegos, portugueses, italianos, navarros, aragoneses y algún de murciano, balear y francés.

La estadística hecha por Jesús Guanche (1983, cf. Perl 1994, p. 110), tomadas de los volúmenes I-III del Catálogo de Pasajeros a Indias, sobre el origen de los pobladores en Cuba entre 1514 y 1559, da como resultado que de los 177 emigrantes analizados, el 81,35% son hombres y el 18,64% son mujeres. Esto tiene su importancia debido al carácter multiétnico de algunos matrimonios y a la mezcla regional y racial que, sin duda, influyó en el proceso de koiné del español en Cuba y en el resto del continente americano.

Los pobladores andaluces de Cuba en las primeras décadas de su colonización representó el 37,8%, los castellanos viejos el 14,6%, los extremeños el 14,3%, los castellanos nuevos el 10,7%, los leoneses el 6,7%, los gallegos el 1,7%, los vascos, los catalanes, los aragoneses y navarros el 1,1% cada uno y los murcianos y canarios el 0,5% respectivamente.

Existían en Cuba en 1518 unos dos o tres millares de personas computadas como blancas y en 1544 sólo se reportan 600 o 700 personas, debido al éxodo hacia tierras más atractivas en el continente. Por consiguiente, es difícil pensar en influencias andaluzas tan tempranas en el Caribe español, debido a la inestabilidad demográfica de la isla cubana en la primera mitad del siglo XVI y debido también a que todas las regiones peninsulares estaban lo suficientemente representadas con un considerable número de emigrantes. (Perl, 1994, p. 112).

 

En Puerto Rico los castellanos viejos eran el 30,6%, los andaluces 26,9%, extremeños 14.8%, los vascos 5.6%. Entre Cuba y Puerto Rico sólo se viajaron 303, frente a los 1.372 que fueron a Santo. Domingo, 1.340 para Perú, 4.022 para Nuevo España, 906 para el Nuevo Reino de Granada y 1.088 para el Río de la Plata.

 

En Nueva España, de los primeros conquistadores de México que salieron en 1518 y 1519 de Cuba, se identifica a 743 de los cuales, andaluces eran el 30%, castellanos viejos el 20%, extremeños el 13% leoneses el 10,5%, portugueses, asturianos y gallegos (8%), castellanos nuevos 5,5%, vascos 5% italianos 3,1% y otros extranjeros 1,9%.

Desde 1523 a 1539 tras elevar a Nuevo España a virreinato crece la población en proporciones extraordinarias, convirtiéndose como el foco de mayor actividad colonizadora de toda América española. Boyd-Bowman (1985, p. XV) identificó a 4.022 pobladores. Los andaluces representaron el 35%, castellanos viejos 17,3%, extremeños 14,8%, castellanos nuevos 12,6%, leoneses 7,2%, vascos (4,4%), portugueses (1,6%), italianos (1,2%), catalanes valencianos (0,9%), gallegos (0,8%), murcianos (0,8%) flamencos (0,6%), asturianos (0,5%) franceses (0,4%), navarros (0,4%), alemanes (0,2%), canarios (0,2%). Sólo las dos provincias de Sevilla y Badajoz envían a la tercera parte de la población.

Solamente las provincias de Sevilla (915) y de Badajoz (425) mandaron el 33,3% del total. La ciudad de Toledo envía a 233 emigrantes, Valladolid 204, Salamanca 177 y Huelva 155.

 

En Perú: en los primeros años después de la conquista del Perú, el predominio andaluz y de extremeños no parece haber sido muy notable. Castilla la Vieja y Andalucía con el 22,2% cada una. Les siguió Extremadura con el 20,4%, Castilla la Nueva 13,9%, León 7,8%, Vascongadas 5,5%, Galicia 1,9%, Italia 1,2%, Murcia 0,8%, Portugal 0,8%.

De los 1.340 pobladores identificados, casi la mitad procedieron de cinco provincias, Badajoz (154), Sevilla (150), Cáceres (109), Valladolid (109) y Toledo (100).

El Cuzco fue la fortaleza del conquistador cacereño Pizarro y fueron los cacereños quienes más presencia tuvieron allí. Pero sigue siendo Andalucía (27,7%) la región que más representación tuvo. Extremadura dio el 25 % del total, Castilla la Vieja el 13,9%, Castilla la Nueva el 12,7%, León el 7,8%, los vascos representaron el 4,8%, los gallegos el 3% y los portugueses el 1,2%.

 

En Venezuela, los primeros pobladores, al contrario de lo que ocurre en la mayoría de las regiones de América, León (11,4%) superó a Castilla la Nueva (9,8%) y ésta a su vez a Extremadura (6.2%). De toda América, Venezuela reveló la proporción más baja de extremeños y la más alta de gallegos (3,8%), de navarros (1,5%), de aragoneses (1,5%), de catalanes y de baleares (4,1%). Fue además, a excepción del Río de la Plata, la región de porcentaje de extranjeros más alta, en su mayoría alemanes (3,6%), flamencos (2,6%), portugueses (2,5%) e italianos (1,5%).

 

En Cartagena, Santa Marta y el Nuevo Reino de Granada, existió una proporción más elevada de castellanos viejos (20,5%) que de andaluces (18%) y de extremeños (12,7%). El origen de los pobladores fue el más variado de todas estas regiones, existiendo un número considerable de murcianos (3%), de asturianos (2,4%), de catalanes y valencianos (1,7%), de aragoneses (1,7%), de navarros (1,4%) y de canarios (0,6%) También estas regiones fueron altas en el porcentaje de extranjeros, aunque no tanto como en Río de la Plata: portugueses (3,2%), flamencos (1,9%), franceses (1,7%), italianos (1,1%) y alemanes (0,6%).

 

En Asunción: sobre los primeros habitantes de Asunción, remoto y aislado foco de actividad colonizadora, se poseen pocos datos documentales. Fue fundada hacia 1537 y tras la emigración de los pobladores de la malograda fundación de Buenos Aires, acogió a un buen número de nuevos pobladores. De los 145 pobladores de Asunción en 1541 que Boyd-Bowman (1968, p. XXXIII-XXXIV) logró identificar, el 33,9% son andaluces, el 13,1% fueron castellanos viejos, el ¡12,4%! fueron portugueses, el 9,7% fueron vascos, el 9% castellanos nuevos, el 3,4%  flamencos, el 2,7% gallegos, el 2,7% italianos y el 0,7% fueronn canarios.

Hay que destacar el alto porcentaje de población de origen portugués que hubo en esta zona.

 

En Río de la Plata: de todas las regiones de América, quizás la menos típica por la composición de sus primeros pobladores es el Río de la Plata. Igual que la Florida, el Río de la Plata no gozó de inmigración espontánea, sino que sólo llegaron a sus costas los miembros de determinadas expediciones (Gaboto 1526-7, Mendoza 1535-6, Cabrera 1538, Cabeza de Vaca 1540-1). De los 1.088 pobladores identificados más de 900 llegaron con don Pedro de Mendoza, cuyo enorme prestigio en su región natal influyó en el fuerte contingente en esta expedición, no sólo de Granada (69) sino también de otras provincias cercanas: Málaga (78), Jaén (64), Córdoba (61) y Sevilla (96). Fueronn muy pocos extremeños. En cambio abundaron los extranjeros, sobre todo los portugueses que iniciaron una corriente emigratoria hacia el Río de la Plata, Paraguay y Tucumán.

 

En Chile, los datos de Boyd-Bowman (1985, III y IV, cf. Garrido, 1992, p. 130 y 136) del origen de sus primeros pabladores entre 1540 y 1579 son los siguientes: Andalucía (28,6%), Extremadura (18,8%), Castilla la Nueva (18,5%), Castilla la Vieja(18,1%), León (3,7%), País Vascos (3,7%), Galicia (0,8%) y del extranjero (3,2%).

Los resultados de Thayer Ojeda (1919, p. 52-53) sobre la población de Chile en el siglo XVI, indican que los andaluces constituyeron el 26,1% de los colonizadores del siglo XVI. Así mismo, los españoles de las regiones castellanos, astur-leonesa y navarro-aragonesa representaron el 42,6%.

Conclusiones

Quizás los resultados de Boyd-Bowman (1964, tomo I y 1968, tomo II) son los más completos ya que se pueden sacar conclusiones muy interesantes sobre el origen y destino de los pobladores españoles que fueron a América en la primera mitad del siglo XVI, que a su vez fueron los que llevaron sus modalidades lingüísticas con sus peculiaridades fónicas, morfosintácticas y léxicas, pero también hay que tener en cuenta los trabajos de Rubio (1930), Henríquez Ureña (1931) y Foster (1960) con los que se puede completar las conclusiones del primero.

Según el segundo tomo de Boyd-Bowman (1968), las regiones americanas de destino fueron: Santo Domingo, Cuba, Puerto Rico, Nueva España, Venezuela, el territorio que actualmente comprende la República de Colombia (Cartagena, Santa Marta y el Nuevo Reino de Granada), el  Perú, el Cuzco, el Río de la Plata y la zona de Asunción del Paraguay.

La región de origen de los pobladores peninsulares fueron: Andalucía, Castilla la Vieja, Castilla la Nueva, Extremadura, León, País Vasco, Galicia, Portugal. Las zonas periféricas como Murcia, Navarra y Asturias o las pertenecientes a la corona de Aragón (Cataluña, la propia Aragón, Valencia y las islas Baleares), dado a su pequeña cantidad de pobladores que aportaron en esta época, no se han tenido en cuenta. Tampoco se ofrecen en los gráficos datos de los extranjeros (principalmente italianos y flamencos), que aunque importantes en el proceso colonizador en algunas regiones como en Asunción, Río de la Plata y Chile, consideramos de poca repercusión lingüística en la formación de la modalidad de lengua de cada región en el siglo XVI, ya que los mandos de las expediciones y los gobernadores, en su gran mayoría, eran españoles.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hasta 1509 casi todos los colonizadores de Indias se establecieron en Santo Domingo, isla desde donde se emprendió luego la conquista de Puerto Rico y Cuba- Boyd- Bowman (1985, I, p. XIV).

En esta primera época de la conquista de las Indias, los andaluces y más precisamente los sevillanos fueron los que mayor número de emigrantes aportaron, con un 22,9%, más que cualquier otra región peninsular. Huelva y Badajoz, provincias limítrofes con Sevilla, fueron las provincias que le siguieron con un 8% del total de pobladores, con lo que características del español llevado a América fue el de la Andalucía occidental.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Andalucía fue la región que más pobladores aportó al continente americano en la primera mitad del siglo XVI. Según estos datos, sólo cedió este honor a Castilla la Vieja en Puerto Rico y en el territorio que hoy en día comprende Colombia. En el Perú y en Venezuela hay similar número de andaluces que de castellanos.

Se ha revisado el origen de los pobladores de América hasta el año 1539. Pero territorios como del Río de la Plata o Chile fueron conquistados en las postrimerías de la segunda etapa de la colonización Boyd-Bowman (1968, II, p. XI), o en las dos siguientes etapas entre 1540-1559 y 1560-1579 (Boyd-Bowman 1985, III y IV, cf. Garrido 1992: 122-137). Los emigrantes llegados a estas nuevas tierras llevaron consigo sus modalidades lingüísticas diatópicas del castellano, al igual que los españoles que poblaron los territorios más norteños, produciéndose el mismo proceso de koiné en el cono sur del continente americano. Quiere esto decir que, quizás, sería más aconsejable extender el proceso de koiné para estas zona hasta los primeros años del siglo XVII, si se atiende al año de la fundación de las ciudades, Sin embargo, esta hipótesis se desvanece al comprobar que el punto de partida de las expediciones a las regiones del Río de la Plata y del Tucumán no procedían de la metrópoli, sino de las zonas más septentrionales de Chile, Alto Perú y Paraguay (Granda, 1994, p. 101-102).

Teniendo en cuenta este dato, el origen y procedencia de 9.044 pobladores de América entre los años 1540 y 1559, el número de pasajeros que tienen como destino el Perú, virreinato desde 1542 y cuyas capitales más importantes como son Cuzco (1534), Quito (1534) y Lima (1535) habían sido colonizadas por los europeos no hacía más de una década, es de 3.248, o sea, el 35,9% del total (Boyd-Bowman, 1985, III, cf. Garrido, 1992, p. 130).

En la siguiente etapa (1560-1579), el número de pasajeros identificados con destino al Perú representó el 20,9% del total (17.587 pasajeros).

El origen peninsular de los pobladores del Perú desde su conquista en los años treinta del siglo XVI y el año 1579 puede verse en el siguiente cuadro:

 

 

 

 

 

 

 

 

Andalucía sólo fue igualada en número de pobladores en la primera etapa de su colonización, donde castellanos viejos y andaluces empatan a porcentaje, 22,2% cada uno, seguido muy de cerca por los extremeños.

Según los datos de Boyd-Bowman y de otros estudiosos, los andaluces fueron los pobladores de Perú y andaluces tuvieron que haber sido también los conquistadores y colonizadores del Río de la Plata y Tucumán. No obstante, hay documentos que nos permiten afirmar que no siempre fue así. Por ejemplo, en la expedición que partía desde el Perú hacia el Río de la Plata en el año 1569, en la relación de expedicionarios se indica el lugar de origen de 27 personas, de las cuales, el 40,7% procedían de Castilla y León, el 14,8% de Extremadura, el 11,1% de Castilla la Mancha, el 11,1% de Aragón, sólo el 9,09% de Andalucía, el 9,09% de Murcia, el 9,09% de Asturias, el 7,4% de Galicia, y el 11,1% de origen desconocido.

 

El proceso de koiné de las diversas modalidades del español, vivido en las islas Canarias y en el continente americano, sin olvidarnos de las influencias y aportaciones de extranjerismos o indigenismos sufridos en el siglo XVI, sería similar a lo sucedido en los territorios que configuraban el antiguo reino de Granada, conquistado por las mismas fechas que las islas de Gran Canaria y Tenerife, aunque en esta caso la realidad lingüística del reino de Granada coincidiría en gran medida con la de los castellanos y andaluces que lo conquistaron y además la semejanza de las lenguas (mozárabe y castellano) eran más parecidas, indudablemente, que el castellano con las lenguas amerindias. Además, retornándonos uno o dos siglos atrás, la lengua castellana durante la conquista y la población de Andalucía occidental, que fue hecha por gente del norte peninsular, sufrió parecido proceso de koiné basado en la nivelación y simplificación de los dialectos de sus pobladores, análogo al vivido en Canarias y América en el siglo XVI.

 

De todo lo dicho se saca en consecuencia:

  • que la conquista no fue realizada por una región en particular, sino que toda la península ibérica dio su contingente a la población de América, ya que el español de América, en su conjunto no procede ni depende de ninguna región en especial de España porque todas las regiones estuvieron representadas en la conquista y colonización, aunque haya que reconocer que existió un predominio de los andaluces sobre el resto de pobladores en el siglo XVI, pero no en todas las regiones (al menos hasta la primera mitad del siglo XVI en Puerto Rico, Perú y la actual Colombia),
  • que los pobladores extranjeros prefirieron las zonas periféricas y alejadas de los virreinatos,
  • que la emigración posterior masiva de vascos, castellanos y gallegos no tendría que influir sobre una variedad del español ya configurado con gran predominio de lo andaluz y
  • que sería una frivolidad afirmar que las semejanzas la modalidad andaluza se limitan únicamente a las llamadas tierras bajas, o sea, las Antillas, Chile, la costa atlántica de México, Venezuela, Colombia y el Río de la Plata (Wagner, 1920, p. 286-312, 385-404 y Henríquez Ureña, 1921, p. 359, cf. Henríquez Ureña, 1930, p. 277)[37], donde se demuestra precisamente que en las tierras bajas la variedad de origen de los pobladores fue lo que caracterizó su poblamiento,
  • que hay negar que el español llevado a América era el español de los autores clásicos españoles (Wagner, 1949, p. 11 y Zamora, 1967, p. 378) con el hecho incuestionable de que los pasajeros no hablaban como los personajes literarios del Renacimiento o Posrenacimiento español, aun quedado demostrado el alto porcentaje de letrados que emigraron a América, muy superior al de cualquier país europeo. El hecho de que escritores como Mateo Alemán, Tirso de Molina, Gutierre de Cetina, Alonso de Ercila, Hernando de Álvarez, Pedro de Oña, Juan Castellanos… o los cronistas y/o conquistadores de Indias como Bernal Díaz, Núñez, Fray Bartolomé de las Casas, Núñez Cabeza de Vaca, Cieza de León, Gaspar de Carvajal, Jerónimo de Mendieta, Pedro de Isla, Juan de Cárdenas, Pedro de Aguado, Pedro de Almesto, Pedro Sarmiento,… etc. consiguieran viajar a América y que a otros como a Cervantes se les denegara el paso a las Indias, no quiere decir que el lenguaje hablado fuera ni mucho menos el literario.

 

No obstante, aquí sólo hemos visto la espectacular expansión de la lengua castellana en el siglo XVI por todo el continente americano, que habría de convertirse precisamente allí en lengua española por ser la lengua de todos los españoles (castellanos, andaluces, extremeños, aragoneses, leoneses e incluso catalanes y vascos) que ahí convergían como participantes de la colonización de América, pero sería imprudente tratar de valuar la influencia total del estado lingüístico del siglo XVI sobre el del siglo XX, aun en las Antillas, sin considerar primero los factores que surgieron en el camino.

 

 

Demografía de Puerto Rico

by wikipedia

La población de Puerto Rico es una mezcla de europeos, africanos y amerindios, con una pequeña presencia de asiáticos.

 

 Imagen Población de PR

 

http://es.wikipedia.org/wiki/Demograf%C3%ADa_de_Puerto_Rico

 

Población - Puerto Rico1
Año Población
1765 44,883
1800 155,426
1815 220,892
1860 583,308
1899 953,243
1910 1,118,012
1930 1,543,913
1840 1,869,255
1950 2,210,703
1970 2,712,033
1990 3,522,037
2000 3,808,610
2010 3,725,789
El censo de 1765 a 1887 desde
el Gobierno de España

Según el censo el grupo racial más numeroso son los blancos, seguido por mestizos, y seguido en menor cantidad por negros. La mayoría de la población blanca consiste de descendientes de españoles y canarios (de Islas Canarias) quienes en su mayoría colonizaron la isla, al igual que numerosos descendientes de corsos, italianos, franceses, portugueses, e inmigrantes alemanes, daneses e irlandeses. Se unen a ellos colonos de las islas vecinas. Se ha comprobado que estos mismos blancos llevan, aunque también en distintos grados, el linaje amerindiotaino, que fueron los primeros pobladores. En segundo lugar (20,9%) los mestizos, de sangre europea e indígena. Seguidos muy de cerca están los descendientes de los negros africanos (8%) traídos a la isla como esclavos durante la conquista; entre ellos de las etnias yoruba, bantu, y bongoles de África Occidental. De esta mezcla de negros africanos y europeos proceden los mulatos, quienes presentan una gran variedad de rasgos, que formarían parte del grupo étnico afrodescendientes.

También existe una minoría asiática, alrededor del 1% de la población, y provienen generalmente de la China y el Japon.

Está comprobado científicamente por estudios de ADN que más del 61% de los puertorriqueños llevan genes amerindios en su sangre por vía materna. Otro porcentaje alto lleva genes europeos pero por vía paterna, pasando así la herencia negroide a un tercer lugar.

Inmigración a Puerto Rico

Raza - Puerto Rico2 3
Año Blanca % No-Blanca %
1802 48.0 52.0
1812 46.8 53.2
1820 44.4 55.6
1830 50.1 49.9
1877 56.3 43.7
1887 59.5 40.5
1897 64.3 35.7
1899 61.8 38.2
1910 65.5 34.5
1920 73.0 27.0
1930 74.3 25.7
1935 76.2 23.8
1940 76.5 23.5
1950 79.7 20.3
2000 80.5 19.5
2006est: 75.4 24.6
Raza composicion de la
poblacion, en la censos, 1802-2000

 

[http://welcome.topuertorico.org/reference/pophistory.shtml]

Véase también

Emigración de Puerto Rico

Algunos puertorriqueños viven fuera de su país; en donde más han emigrado es a los Estados Unidos, concentrándose principalmente en la ciudad de Nueva York; también en otros estados como Florida y California. Últimamente y como segunda opción, han inmigrado también a países como España, seguido en menor medida de México, Bolivia, Francia, Venezuela, Filipinas, entre otros.

Estadísticas

Población: 3,916,632 (Julio de 2005 est.)

Hombres: 1,881,460

Mujeres: 2,035,172

Edad ternaria:
0-14 años:

22% (hombres 441,594; mujeres 421,986)
15-64 años:

65.5% (hombres 1,228,583; mujeres 1,337,066)
65 años para adelante:

12.4% (hombres 211,283; mujeres 276,120) (2005 est.)

Population growth rate:

0.47% (2005 est.)

Birth rate: 13.93 births/1,000 population (2005 est.)

Death rate: 7.86 deaths/1,000 population (2005 est.)

Net migration rate: -1.38 migrant(s)/1,000 population (2005 est.)

Sex ratio:
at birth:

1.05 male(s)/female
under 15 years:

1.05 male(s)/female
15-64 years:

0.92 male(s)/female
65 years and over:

0.76 male(s)/female
total population:

0.92 male(s)/female (2005 est.)

Infant mortality rate:

8.24 deaths/1,000 live births (2005 est.)

Life expectancy at birth:
total population:

78.29 years
male:

74.35 years
female:

82.43 years (2005 est.)

Notes:
The censuses from 1765 to 1887 were taken by the Spanish government.
The census from 1899 was taken by the War Ministry of the United States.
Since 1910 Puerto Rico has been included in every decennial census taken by the United States.

 

 

Genealogy – America’s Great Immigrations

Hola amigos: Today I bring you “America’s Great Immigrations”- From the Native Americans, English, Scotch, Irish, the blacks slaves from Africa,the Germans, Scandinavians, Italians, Asians, Puerto Ricans, Cubans, Russians, Polish, Jewish, Mexicans… ES

 

Statue of liberty Image

 

By John T Jones, Ph.D.

Ezine Articles

http://EzineArticles.com/?expert=John_T_Jones,_Ph.D.

If you look at the 1990 United States Census you will see the country of origin of some new generation Americans and the year of their immigration into the United States of America. Those millions of you that are descended from the pilgrims that landed at Plymouth in 1620 or other early migrations will not find immigration dates in the 1900 Census for your ancestors living in the nineteenth century that are of such an early entry into the New World. One of my ancestors was an indentured servant and the 35th signer of the Mayflower Compact. After he worked off his indenture, he returned to England twice to conduct business for Plymouth Colony.

Some think that indentured servants were slaves. They were not. My ancestor could not afford to pay for passage on the Mayflower so he agreed to work for his passage for a period of years after arriving in the New World, which he did.

We all know that the Pilgrims and Puritans came to America to practice their religions and gain financial independence. Those brave souls were willing to risk their lives to achieve that goal and many died in travel.

The Great Migration

After the Emancipation Proclamation, black slaves desired to move out of the slave states to the northern and western United States. However, there was little movement until the early 1900s. In 1900 the increase of black people in non-slave states was only 2% more than it was in 1863 for a total of 10%. But this was not an immigration into the New World. It is called the Great Migration.

The black immigration was involuntary as black people were captured by slave traders and brought to the Americas in chains.
See http://en.wikipedia.org/wiki/Great_Migration_(African_American) )
Between 1790 and 1860 the slave population grew to over four million. The counties of origin were:

 

    Senegambia (Senegal-Gambia)5.8% Sierra Leone 3.4% Windward Coast (Ivory Coast) 12.1% Gold Coast (Ghana) 14.4% Bight of Benin (Nigeria) 14.5% Bight of Biafra (Nigeria) 25.1% Central and Southeast Africa (Cameroon-N. Angola) 24.7% homestead.com/wysinger/mapofafricadiaspora.html

 

If you look at the 1900 census, you will probably not see an immigration date for a black citizen. They were already here at the first of the century. You might note that the birth date for a 85-year-old citizen in 1900 when the census was taken would be 1805. While I have been indexing the 1900 Census so that it can quickly be searched by computer, I have recorded only one person this old.

If you are interested in indexing, go to my website and click on indexing at the top of the home page. You can also go directly to familysearchindexing.org

Anyone can index and anyone can access the search functions for family research at http://familysearch.org

For a tutorial on migrations to America go to http://memory.loc.gov/learn/features/immig/alt/introduction4.html Click on the group of interest and you are on your way.

Following is a brief summary:

Native Americans

Physical and DNA evidence indicates that most Native Americans came to the Americas by land bridge from Asia some thousands of years before the Pilgrims landed at Plymouth Rock. There were about 900,000 people speaking over 300 languages when the Pilgrims stumbled ashore.

English, Scotch, Irish

These were some of the earliest immigrants to the Americas. Financial hardship often led to debarkation from the British Isles. Many had little means and came as indentured servants. This group included many educated and skilled people. Some came for religious freedom. The Irish Potato Famine in the mid eighteen hundreds brought many to this country. When I view the 1900 Census, I find many such families. A family might have only two of eleven children living and the living two were born in the United States. The other nine may have died in the famine.

German

You will find many Germans on the 1900 Census especially in the Dakotas. They were at Jamestown. The Germans were hard-working and skilled.

Scandinavian

Wealthy Scandinavians came early to America to develop commerce. They were not the first Scandinavians to come to America. The first Scandinavians came many years before Columbus. They were the Vikings that came as early as the seventh century.

Many Scandinavians came to the Americas in the eighteen hundreds because of political strife and because they wanted religious freedom.

Italian

Well, you know who started all this. Christopher Columbus sailed the blue and landed in the Americans in 1492. He was born in Genoa in 1451. Italian immigrants came to America even before Italy was a unified nation. They like the Irish and Germans tended to flock together. I’m glad they came because I love Italian food. By the way it’s eh-tal-ion, not eye-tal-ion. Just remember that Italians are from eh-tal-y, not eye-tal-y.

Asian

Like black people, Asians had a tough time in the United States. For example, the people in Twin Falls here in Idaho did not like Chinese and ran them out of town. They ran two brothers out of town who had opened a restaurant. They just came back again and started over. I’m glad they did because I love Chinese food.

When I go into a Chinese restaurant, I usually find several who do not speak English. I’m not talking about the Mexican immigrants that often frequent Chinese Restaurants, I’m talking about Chinese employees that are continually coming into the United States.

The first Japanese didn’t come until late in the nineteenth century after Admiral Perry “opened” Japan. The first were agricultural workers in Hawaii. During World War II, many Japanese were interred for the duration of the war. I was always afraid that my friend, Teruo Fujii, would be interred, but he escaped that fate.

The old Japanese man that use to pick up coal along the railway, did leave suddenly. The rumor was that he was counting the tanks and trucks and artillery pieces that continually passed by on the trains headed for the Pacific Coast. Some kids said that he had a low-band radio (short wave).

The Chinese were durable workers and built our railroads. Many here in our part of Idaho worked old mines along the Snake River to grub out a living.

Puerto Rican, Cuban, etc.

This immigration is still going on. The Cubans find themselves “cut off” from the United States and the Puerto Ricans find themselves annexed. On they come by whatever means they can muster, the Puerto Ricans by jet and the Cubans by homemade boats and rafts. Florida and New York benefit from this migration all though not all seem to agree on this point.

Russian, Polish, Jewish

Political and economic upheaval have driven these people to America by many different routes. Some are at this day involved in the taxi strike in New York. This migration continues.

Mexican

They were already here when the Mayflower dropped anchor. The Mormon Migrations in the mid-eighteen hundreds were into Mexican Territory. These folks are still coming and one cuts my lawn every Saturday morning. Some obtain false Puerto Rican birth certificates or other papers to avoid trouble with Immigration. Oh, yes! They man the dairies and farms here in Idaho.

It’s amazing what you can learn about the human experience by old historical records. For example, the 1900 Census covers the period of the Civil War. I often wonder if a particular child “not living” was killed in that war.

Some think that studying old records is fun. Well, it certainly is educational.

John T. Jones, Ph.D. (tjbooks@hotmail.com), a retired college professor and business executive, Former editor of an international engineering magazine. To learn more about Wealthy Affiliate University go to his info site. If you desire a flagpole to Fly Old Glory, go to the business site.

 

 

 

 

 

Annual Legal Immigration  1820-2010

USA-Immigration-by-Decade

Puerto Rico Genealogy Resources

Hola amigos: These “Puerto Rico Genealogy Resources” are  resources and organizations that will get you started tracing your multiple Puerto Rican roots…
“Garita” San Juan, PR Image
Roots from the Taino indians (that came from  the Arahuac Indians from Central and South America); Spain and Portugal (that came from the Visigoth that came from the Peninsular Latins (the Cartago and Ibero-Celtics line and the Latin Romans  line ); the Africans (that came from the Ladins (the Spanish Africans) the Loangos and the Capris; the Americans (that came from the Anglo Saxons, the Baltics and the Nordics… and the immigrants that came  from Canary Islands, France, Germany, Ireland, China, Italy, England, Libano, Venezuela …  and more recently the Cubans, the Dominicans … ES
By Lauren Gamber
Family Tree Magazine
http://www.familytreemagazine.com/article/Puerto-Rico-Genealogy-Resources#
These resources and organizations will get you started tracing your Puerto Rican roots:
Books
• The Family Tree Resource Book for Genealogists edited by Sharon DeBartolo Carmack and Erin Nevius (Family Tree Books)
• Finding Your Hispanic Roots by George R. Ryskamp (Genealogical Publishing Co.)
• From Colonia to Community: The History of Puerto Ricans in New York City by Virginia E. Sánchez Korrol (University of California Press)
• Not of Pure Blood: The Free People of Color and Racial Prejudice in Nineteenth-Century Puerto Rico by Jay Kinsbruner (Duke University Press)
• The Puerto Rican Nation on the Move: Identities on the Island and in the United States by Jorge Duany (University of North Carolina Press)
• Puerto Rico in the American Century: A History Since 1898 by César J. Ayala and Rafael Bernabe (University of North Carolina Press)
Organizations and Archives
• Florida International University Libraries Latin American and Caribbean Information Center
Green Library 225, University Park Campus, Miami, FL 33199, (305) 348-3142, <lacic.fiu.edu>
• The Hispanic Genealogical Society of New York Old Chelsea Station, Box 474, New York, NY 10113, <www.hispanicgenealogy.com>
• The Hispanic Society of America 613 W. 155th St., New York, NY 10032, (212) 926-2234, <www.hispanicsociety.org>
• Hunter College Center for Puerto Rican Studies (Centro de Estudios Puertorriqueños) 695 Park Ave.,Room E1429, New York, NY 10065, (212) 772-5688, <centropr.org>
• Institute of Puerto Rican Culture (Instituto de Cultura Puertorriqueña)
Box 9024184, San Juan, Puerto Rico 00902, (787) 724-0700, <www.icp.gobierno.pr>
• NARA Northeast Region—New York City201 Varick St., 12th Floor, New York, NY 10014, (866) 840-1752, <archives.gov/northeast/nyc>
• New York State ArchivesCultural Education Center 9C71, Albany, NY 12230, (518) 474-6926, <www.archives.nysed.gov>
• Puerto Rican/Hispanic Genealogical Society
Box 260118, Bellerose, NY 11426, <rootsweb.ancestry.com/~prhgs>
• Puerto Rico Department of Health, Demographic Registry
Box 11854, Fernandez Juncos Station, San Juan, Puerto Rico 00910, (787) 767-9120, <www.salud.gov.pr/Programas/RegistroDemografico>
• Puerto Rico General Archive (Archivo General de Puerto Rico)
Instituto de Cultura, Box 9024184, San Juan, Puerto Rico 00902, (787) 725-1060, <www.icp.gobierno.pr/agp>

Batallas Españolas Siglo 17 Ganadas Con Picardía

Desde disfrazarse de musulmanes hasta lanzar ganado contra sus enemigos, los ejércitos de Felipe III hicieron todo lo que estuvo en su mano para acabar con sus contrarios.

 

Imagen Batalla

 

por E. VILLAREJO/MANUEL P. VILLATORO

abc.es

http://www.abc.es/espana/20121228/abci-tres-batallas-espanoles-201212271641.html

Imagen Felipe III

Siempre se ha dicho que uno de los principales factores para alzarse con la victoria durante una batalla es la estrategia. Sin embargo, en pocas ocasiones este proverbio ha guardado en su interior tanta verdad como para los españoles, los cuales, durante el reinado de Felipe III,protagonizaron tres batallas en las que hubieran sido aplastados por el enemigo si no hubieran utilizado su tradicional picardía.

Y es que, durante el Siglo XVII la situación de España, aunque hegemónica en el mundo (pues su territorio se extendía desde las colonias americanas hasta Asia pasando por Europa), era financieramente precaria. Por ello, Felipe III no tuvo más remedio que recurrir a una politica pacifista y de alanzas para así no perder en batalla los territorios españoles.

Estas dificultades económicas, unidas a la amplitud del territorio español, provocaron que fuera en ocasiones muy dificultoso disponer de un contingente militar suficiente en todos los lugares colonizados. Sin embargo, para suplir la inferioridad numérica ocasional, los soldados se valieron de todo tipo de estratagemas más propias de una película de ciencia ficción que de la realidad.

Así lo explica el escritor Edurdo Ruiz de Burgos Moreno en su libro«La difícil herencia» (editado por Edaf), en el que analiza varias decenas de contiendas que se produjeron durante el reinado de Felipe III. «A pesar de la mejor voluntad real, las inmensas posesiones españolas se vieron una y otra vez atacadas y, en sólo diez años, obligaron a sus ejércitos a mantener 162 batallas repartidas por todos los confines terrestres», determina en el texto.

Jamaica, preparada contra piratas

La primera de estas curiosas batallas se sucedió cuando una flota inglesa trató de atacar la posición española situada en Jamaica(en esos momentos propiedad de la familia de Cristobal Colon). Sin embargo, se encontraron con unos aguerridos defensores acostumbrados a combatir contra piratas, algo muy usual durante el Siglo.XVI. «No es infundado el temor a los ataques de bandoleros marítimos que roban y saquean ciudades y puertos, pues durante años trataron de capturar especialmente las mercancías de los buques de transporte españoles en aguas americanas», establece Ruiz de Burgos.

En aquellos años, los piratas suponían un auténtico quebradero de cabeza para los enclaves españoles, a los que acosaban sin tener ningún tipo de piedad. «Especialmente temidos eran los filibusteros franceses, genoveses y portugueses, que hostigaban profundamente a los colonos españoles, víctimas de sus asaltos, saqueos y asesinatos», sentencia Ruiz de Burgos.

Además, en palabras del experto: «En el mar Caribe, un lugar ideal por la abundancia de islas en las que pueden refugiarse, los buques piratas atacaban por lo general desde los apostaderos que tenían en el puerto del Manzanillo en el golfo cubano o desde los puertos de Santa Ana y Guabayara en la Isla de Jamaica».

Ganado contra ingleses

En cambio, no fueron piratas los que atacaron aquel 24 de enero del año 1600 la actual ciudad de  ”Spanish Town”, sino una flota con una bandera tradicionalmente enemiga de España. «Eran 16 buques ingleses al mando de Cristopher Newport, explica el experto. Sin embargo, no distaban mucho de ser filibusteros, pues este capitán había sido formado por Francis Drake, un reconocido corsario anglosajón.

«Afortunadamente para los habitantes de la villa, su llegada había sido apercibida con suficiente antelación (…), dando tiempo a que su gobernador (…) organizara las defensas de la villa con los apenas 200 hombres armados con los que podía contar», añade Ruiz de Burgos.

Para los ingleses, la batalla estaba ganada antes incluso de comenzar. La superioridad de fuerzas era abrumadora, al igual que la potencia de fuego de sus navíos. Sin embargo, había algo con lo que no contaban: el ingenio que los españoles demostraron durante todo el combate.

Tan sencilla veían la conquista los ingleses que incluso trataron de convencer a los defensores de que se rindieran antes de comenzar la contienda. «Desembarcaron un emisario enarbolando bandera blanca en una chalupa que se acercaba a la playa (…). Allí, a unos centenares de metros (…), los defensores estaban atrincherados y habían situado un cañón para impedir un posible desembarco (…). A estos españoles, el mando inglés, a través del emisario, les exigió la rendición formal bajo amenaza de pasar a cuchillo a todos los defensores», explica el escritor en el libro

En ese momento, los españoles comenzaron a utilizar sus estratagemas, como bien determina el escritor: «Aprovechándose del entrecortado español que hablaba el enviado inglés, y fingiendo no conocer ninguna otra lengua, los españoles (…) dilataron los tiempos de las respuestas y, así, ganaron un tiempo precioso para preparar mejor la defensa».

1.5000 ingleses no consiguieron derrotar a 200 españoles

Cuando los ingleses se dieron cuenta del engaño, ya era tarde, las defensas estaban listas. Sin embargo, esto no detendría a los asaltantes: «Decidieron atacar y desembarcaron unos 1.500 soldados. Tras reunirse en la playa, donde ya no había españoles, se organizaron en cinco columnas y empezaron a avanzar hacia la villa con la firme intención de conquistarla», añade el experto.

Pero los dos centenares de españoles ya habían planeado su siguiente movimiento. Para defenderse, usaron una táctica cuanto menos original. Concretamente, ataron antorchas encendidas a los cuernos de todo el ganado que había en la ciudad, lo que enloqueció a los animales. Posteriormente, los liberaron y los lanzaron contra sus desprevenidos enemigos. «Los ingleses primero oyeron un terrible estruendo, después, vieron ante sí una inmensa polvareda que no llegaban a entender y, finalmente, sufrieron una imprevista embestida de toros y vacas», explica el escritor.

Confundidos y desorientados por las aterrorizadoras bestias, los soldados de la vanguardia inglesa que no fueron arrollados retrocedieron desorganizadamente y se abalanzaron sobre sus camaradas de las filas posteriores. «Como consecuencia se generó una cascada de fugitivos que terminó en una gran huida en desbandada que dejó tras de sí una cincuentena de muertos ingleses por aplastamiento», determina Ruiz de Burgos.

Tras reunirse junto a la costa, descubrieron que sus planes habían dado un giro inesperado. «Para el cuerpo expedicionario del almirante Newport era más que suficiente. Los soldados desistieron de avanzar hacia el interior y sólo querían ser embarcados en sus buques. Sin haber logrado disparar un solo tiro, las pérdidas se les antojaron excesivas. No sabían bien lo que había sucedido, pero convencidos de que a los defensores no se les podía derrotar, (…) se hicieron a la mar y abandonaron definitivamente la isla», finaliza el experto.

Una victoria «disfrazada»

Otra de las contiendas en la que los españoles demostraron su capacidad de improvisación se sucedió el 18 de julio de 1602, en Túnez. Ese día,una flota católica asaltó por sorpresa el puerto de «Hammamet», regentado por piratas turcos. «El ataque corrió a cargo de 350 infantes españoles y caballeros a las órdenes de Malta y de la toscana (…) embarcados en 5 galeras de la escuadra española de Sicilia y 5 fragatas de tres mástiles», añade Ruiz de Burgos.

Los españoles se hicieron pasar por turcos para acercarse a sus enemigos

Sin embargo, los españoles necesitaban tomar la plaza cuanto antes, pues sabían gracias a sus espías que en un breve período de tiempo los turcos recibirían unos considerables refuerzos. En cambio, en lugar de desesperar, decidieron utilizar esa información a su favor en una estratagema más propia de una novela de fantasía que de la realidad.

«La vanguardia española llegó al puerto en 5 ligeras falúas (pequeña embarcación destinada al transporte de infantería), de dos velas triangulares y un mástil ligeramente inclinado hacia la proa, como las falúas musulmanas», determina el experto.

En cada una de las embarcaciones el engaño estaba listo. Los españolescambiaron sus banderas por las turcas se disfrazaron con turbantes para hacerse pasar por los refuerzos que los defensores esperaban. Además, y para asegurarse de que no se descubriera su trampa, se ordenó a varios soldados que tocasen bendires, crótalos y laúdes, instrumentos usados en la música tradicional árabe. «Así, disfrazados, les resultó sencillo ser confundidos con los turcos que estaban esperando», comenta el escritor.

Una trampa que valió una batalla

La mascarada salió a la perfección, y los defensores se creyeron el engaño. «La estrategia española permitió a la escuadra anclar muy cerca de tierra (…) Incluso la guarnición de “Hammamet” salió a recibirlos a la playa acompañada por una gran multitud que se agolpaba sobre el muelle del puerto.», explica Ruiz de Burgos. Lamentablemente para todos ellos no eran los refuerzos que esperaban, sino los barcos cristianos. Fue demasiado tarde cuando se dieron cuenta del grave error que habían cometido.

«Sorprendida la multitud al descubrir el engaño apenas pusieron pie en el muelle los atacantes, huyeron a refugiarse hacia las murallas de la villa. (…) Los despavoridos civiles arrollaron a los soldados de la guarnición, mezclándose entre ellos, lo que produjo caídas y agolpamientos que generaron una mayor confusión», explica el escritor. Para entonces los españoles ya habían descargado una salva de disparos sobre los turcos y les atacaban furiosos espada en mano.

La victoria fue aplastante, concretamente, murió casi medio millar de turcos. «Los atacantes, una vez saqueada y destruida completamente la ciudad, se embarcaron de regreso en dirección a Malta, poco después de avistar que se aproximaban por tierra más de 3.000 jinetes e infantes moros que, a toda prisa pero demasiado tarde, llegaban para auxiliar a los defensores de la villa», sentencia Ruiz de Burgos.

20 españoles contra cientos de indios

Finalmente, la última parada de este viaje debe hacerse en Colombia, donde la dificultad para transportar tropas españolas provocó que los soldados tuvieran que agudizar el ingenio para sobrevivir. Por aquellos años, los habitantes del lugar (los indios pijaos) trataban de combatir a los españoles usando la guerra de guerrillas, pues sabían que un enfrentamiento en campo abierto contra ellos supondría una estrepitosa derrota.

Tres batallas en las que la picaresca dio la victoria a la menguante España del siglo XVII

ABC
Imagen de un soldado español del S.XVI

Por su parte, la táctica de los españoles para defenderse de los continuos ataques de los indios se basaba en edificar pequeñas fortificaciones para reducir al máximo el número de bajas. Uno de estos puestos, el de San Lorenzo de Maitódefendido por apenas 20 españoles al mando de Diego de Ospina, era de los más castigados de la zona.

Por ello, los defensores decidieron un 16 de mayo de 1607 urdir una curiosa treta para atraer a sus enemigos hacia una trampa. En primer lugar, hicieron correr el falso rumor entre los posibles espías indios de que la mayor parte de la guarnición estaba enferma. A continuación, y una vez cumplida esta parte del plan, alentaron a los enemigos para que les atacasen. «El capitán Pedro Marcham penetró en el páramo de Bulica (…) y encendió una falsa fogata para engañar a los guerreros pijaos, ya que era su señal de convocatoria para el ataque», determina Ruiz de Burgos.

Para atraer a los indios, hicieron correr el rumor de que estaban enfermos

Todo estaba dispuesto, y los indios cayeron en la trampa. Confiados por la falsa información y la señal de ataque, centenares de pijaos acudieron a la batalla al mando de uno de sus reconocidos jefes, Kalar-cá. «Cuando llegaron a la empalizada, los españoles les estaban esperando con sus arcabuces y pistolas cargadas y sus picas en ristre», añade el experto.

«Fue el propio capitán Marcham, junto al soldado Juan Bioho, el que consiguió de un certero arcabuzazo acertar en el pecho de Kalar-cá, que cayó muerto, al igual que muchos de sus guerreros, antes de que los sorprendidos supervivientes indios se dieran a la fuga», explica el escritor. Con esta ingeniosa treta, 20 españoles consiguieron resistir el asalto de centenares de indios.

5 Preguntas a Eduardo Ruiz de Burgos Moreno

E.V/M.P.V MADRID
-¿Cómo era la situación militar de España durante el reinado de Felipe III?
En la época de Felipe III no habrá un solo año sin algún conflicto bélico. Este reinado merece ser revisado con una mirada más generosa por la historiografía: Los años de reinado de este monarca, como pasa con todos los mandatarios, tuvo claros y oscuros pero no fue su época la que nos terminó quitando a los españoles el mundo que poseíamos y con el bolsillo roto tras haber gastado nuestra buena hacienda. Eso lo hicieron otros después.
Durante su reinado la todopoderosa España de entonces siguió extendiendo su poder y hegemonía por todo el mundo conocido, pese a lo que dice la historiografía de los últimos cuatro siglos que ha desdibujado su época y la ha llenado de críticas que, todavía, perduran sin ser cuestionadas.
De forma simplificada, el imperio global español abarcaba territorios en todos los continentes desde los actuales Estados Unidos hasta la Tierra de Fuego austral, islas y costas desde África hasta el Mar de la China Meridional, territorios en los Mares del Sur y posesiones por toda Europa. Tan vasto era el imperio español que no sólo nunca se ponía el sol en sus territorios, sino que sus diferentes culturas en Europa, América, África, Asia, y Oceanía no se comunicaban entre sí.
Propiciado por el cansancio general de las continuas guerras anteriores en suelo europeo, uno de los logros de Felipe III es que mantuvo la hegemonía imperial española en el mundo durante todo su reinado y, al mismo tiempo, consiguió una relativa paz con todos los antiguos enemigos europeos de España (básicamente, Francia, Inglaterra y Holanda).
-¿Podríamos decir que durante el reinado de Felipe III España trataba de mantener un territorio demasiado extenso para sus posibilidades?
Demasiado extenso el imperio español no era porque se pudo mantener durante más de 3 siglos con escasas pérdidas territoriales, salvedad hecha de lo que supuso en 1640 (ya bajo Felipe IV) la sublevación de Portugal, que contó con la ayuda indirecta de una parte de la oligarquía barcelonesa y su peregrina idea independentista.
El imperio español era realmente extenso porque en aquella época se necesitaban más de ocho meses para que llegara un mensaje desde España al Perú y había guarniciones españolas en fuertes, todavía hoy tan lejanos entre sí, como el de Santa Teresa en Uruguay o el de Santo Domingo en Taiwán.
-¿Qué coste humano tuvo el reinado de Felipe III?
El coste en términos humanos fue muy alto. Por ejemplo, en las dos últimas décadas del XVI el promedio de las bajas anuales del ejército español era de unos 1.500 soldados, totalizando para comienzos del siglo XVII el equivalente a 18 tercios. Unas cifras extraordinarias para la época.
Fueron muchos héroes españoles anónimos los que participaron y murieron durante esta gesta. Sin ellos nuestra lengua y cultura no sería ni grande ni universal. Ellos extendieron la señal de identidad de lo español por el mundo. Por estos muertos la España de hoy significa algo en nuestro mundo actual. Lamentablemente, estos héroes ya no reciben alabanzas, si acaso al contrario.
Esto es lo que trato de reivindicar con este libro (primer tomo de los tres que abarca el reinado de Felipe III), que forma parte de una serie que va desde el descubrimiento de América hasta la llamada Guerra de Independencia. Quiero recordar que están ahora cumpliéndose los 400 años de reinado de Felipe III (1599-1621) sin que se celebren como se merecen.
-¿Cómo es posible que 20 soldados españoles resistieran contra centenares de indios?¿Qué diferencias tecnológicas existían entre ambos bandos?
Primero y por encima de todo, muchos de los españoles que estaban en América habían nacido en Europa y habían cruzado el Atlántico en uno de los buques de la época. Sólo haber hecho esto implicaba un valor inusual. Un español de entonces era un señor curtido con el que era mejor evitar problemas. Ahora nos puede asustar la imagen de indios caníbales con huesos en sus narices, pero el valor, arrojo y las armas de un español de entonces les asustaban más a ellos.
En cuanto a las diferencias tecnológicas, además de las obvias entre armamento de fuego y el que no lo es, adicionalmente algo que no debemos olvidar es que nuestra cultura permitía a los españoles conocer, bien oralmente o en libros, tácticas, tretas o movimientos de combate que los indios ignoraban.
-¿Por qué llamó a su libro «La difícil herencia»?
En una España de hace cuatrocientos años, que hoy ya está desaparecida, y que extendía su dominio por todos los continentes, la compleja maquinaria de la Monarquía Hispánica que hereda Felipe III tuvo, algunas veces no sin improvisación, que enfrentarse a ingentes y necesarias reformas. Empezó con un paulatino saneamiento y restauración del país, aunque el proceso en su conjunto no estuvo falto de incoherencias y desaciertos como lo son sus insuficientes y lentas medidas para recuperar los recursos nacionales. Además, los problemas financieros que se arrastran desde el reinado anterior tampoco dejarán gran margen de actuación política, como se constatará con la quiebra de 1607.
Como ejemplo de la dificultad de manejar esta herencia, cabe señalar que en el año 1599 la situación con la que tuvo que lidiar Felipe III se caracterizaba en Europa porque la eterna enemiga Francia todavía seguía persiguiendo su sueño de romper el cerco territorial al que le tenían sometida los Habsburgo, porque Inglaterra dedicaba cada vez más recursos militares para su control militar de Irlanda en detrimento de sus hasta entonces protegidos holandeses y porque éstos, o sea la República de las Siete Provincias Unidas de los Países Bajos (erróneamente llamada simplemente Holanda), intentaban salvar su independencia contra los deseos de someterla de España.
La estrategia española durante la primera mitad del reinado (básicamente los años que cubren este primer tomo) se basó en que franceses, ingleses y holandeses siguieran obligados a destinar sus principales energías a la conflictiva zona del norte centroeuropeo, lo que así les impedía poder actuar más intensamente en otras áreas. Es la misma política que había seguido Felipe II.
Imagen Batalla Española Siglo 17