El blog de Generación Y, vale la pena leerlo para saber, con cierta fiabilidad, lo que sucede en Cuba. Su autora, Yoani Sánchez, se la juega todos los días siendo la persona mas perseguida de la dictadura cubana. Tiene muchísimos premios internacionales pero la dictadura no le permite ir a recogerlos. ES
Foto de Roberto Segre – Tomada de vitruvius.com.br
Por: Generación Y
http://www.desdecuba.com/generaciony/?p=6836
El cartel es pequeño y asoma, con cierta timidez, por sobre el muro del balcón a varios metros de suelo. Un simple “Se vende” que no llamaría la atención sino fuera porque en el apartamento de al lado también se puede leer la misma frase pintada en una ventana. Más arriba, los vecinos del piso seis han sido más creativos y han colocado un trozo de acrílico donde incluso se anuncia los metros cuadrados que ofertan para motivar a los posibles compradores. Pero los vendedores no la tienen nada fácil. El edificio es feo, gris, de aquellos construidos en los años ochenta bajo el sistema de “microbrigadas”. Muchos que leen sus clasificados en sitios web -como Revolico.com y Cubisima.com- al llegar al lugar ni siquiera tocan a la puerta, pues comprueban que se trata de uno de esos mastodontes de concreto y pésimo gusto arquitectónico que se construyeron durante los años del subsidio soviético.
La variedad y cantidad de casas en venta parece superar las reales posibilidades de los bolsillos cubanos en este momento. Muchas casas han entrado de golpe a un mercado inmobiliario que estuvo ilegalizado por décadas y, a pesar de las necesidades habitacionales, falta lo principal: el dinero para adquirirlas. Resulta alucinante ver propiedades que se comercializan por un cuarto o medio millón de pesos convertibles, en un país donde el salario medio no supera los 20 CUC al mes. De ahí que el mayor movimiento de compra-venta se está dando en las viviendas más baratas, que son las de menor tamaño, peor ubicación o más deteriorado estado. Mientras en el sector de las lujosas residencias todo va más lento, abajo, a nivel de un cuarto en un solar o de un apartamentico sin ventanas, la movida se nota bastante, principalmente por todas esas personas del interior del país que están aprovechando la oportunidad para hacerse de un domicilio, aunque sea de pocos metros, en La Habana.
Lo interesante también es la evaluación descarnada y pragmática que se hace de cada inmueble en oferta. Los anuncios se vuelven sofisticados, acompañados por fotos y descripciones favorables sobre la “buena entrada de agua” que tiene la casa, su magnífica localización en un barrio tranquilo o las posibilidades de ampliarla y construir en la azotea. Pero hay un calificativo que nadie deja de decir si su vivienda lo amerita y es el de “construcción capitalista” si fue edificada antes de 1959. Un parte aguas claro e implacable divide a lo fabricado con anterioridad a la Revolución y a lo que surgió durante ésta. Si el edificio donde está el apartamento es de la década del 40 o el 50, su precio se dispara, mientras que aquellos apartamentos de los microbrigadistas, que levantaron sus torres prefabricadas durante los años de la sovietización, se ven relegados a un nivel inferior en las ofertas. El mercado inmobiliario hace aflorar –con toda su dureza- una escala de valores que dista mucho del discurso oficial y que reasigna a cada cosa una nueva cuantía, una objetiva vara para medir su calidad.
Reforma Migratoria; Alegraese o Conformarse
A mi maleta se le gastaron las rueditas en cinco años de trasegar por la casa de una esquina a otra. La ropa interior que estaba guardada en el pequeño neceser perdió la tensión de los elásticos y el color se le desvaneció. Los boletos de avión que nunca utilicé se vencieron, después de posponerlos una y otra vez, para terminar en la basura. Mis amigos me despidieron en tantas ocasiones y en tantas ocasiones no me fui, que el adiós se volvió rutina. El gato hizo suyo aquel bolso de mano que jamás logró entrar en un avión y la perra mordisqueó los zapatos destinados a una gira que no pude emprender. La estampa de una “Virgen del buen Viaje”, que me regaló un amigo, tampoco resistió la prueba del tiempo y hasta el brillo de los ojos se le apagó.Después de cinco años de exigir mi derecho a viajar fuera del país, hoy me he despertado con la noticia de un reforma migratoria. La primera impresión fue gritar un ¡hurra! en medio de la madrugada, pero a medida que avanzaba el día me percaté de las deficiencias de la nueva ley. Finalmente, ha quedado erradicado el oprobioso Permiso de Salida y la también ultrajante carta de invitación que necesitábamos para salir de nuestro propio país. Sin embargo, ahora en la propia confección y validación del pasaporte se definirá quiénes lograran franquear las fronteras nacionales y quiénes no. Aunque los costos de los trámites se abaratan e imagino que el tiempo de duración se acorta, esta no es la nueva ley de migración que estábamos aguardando. Demasiado limitada, demasiado estrecha. Pero al menos ha quedado por escrito una legalidad a partir de la cual ahora empezaremos a exigir, protestar, denunciar.
En mi caso, voy a creer –hasta el 14 de enero de 2013- que no estoy en ninguna “lista negra” y que los filtros ideológicos para salir han llegado a su fin. Rellenaré la solicitud para un nuevo pasaporte y aguardaré con esa dosis de ingenuidad que necesito para sobrevivir, para no convertirme en una apática. Allí estaré cuando abran las oficinas para decidir cuáles cubanos lograran abordar un vuelo y cuáles seguirán bajo el “encierro insular”. Y mi maleta irá a mi lado, con la ropa interior desvaída, los zapatos que nunca estrené, y una estampa pálida de María que ya no sabe si se va o si regresa, si hay motivos para alegrarse o para conformarse.

